jueves, 4 de enero de 2018

36 Valientes Bomberos de Valparaíso y un sublime destino; la Gloria y el recuerdo imperecedero de Chile y el mundo por la inmortal hazaña de estos Mártires de la paz.

José Serey Sagredo 
2° Comandante 
Cuerpo de Bomberos de Valparaíso
Comandante Mártir de la Institución

El Monumento al Bombero guarda los contornos espirituales de un templo. A el habrán de venir siempre quienes sientan el ansia de fortificar sus ideales de bien público; y las instituciones que han hecho escuela de abnegación, encontrarán también en el; una lección suprema de grandeza humana que, desde la inmortalidad, sigue esculpiendo en el espíritu de la ciudadanía, aquel excelso grupos de 67 valientes que han entregado su vida en aras del sublime ideal voluntariamente impuesto....
Hemos querido rendir un homenaje ante el recuerdo de quienes supieron ennoblecer a su Institución, siendo además sus vidas una consagración al apostolado de solidaridad social que imprime carácter único en el mundo de la institución bomberos y a quienes pertenecen a ella. Hoy rendimos un emocionado homenaje a esos 36 bomberos muertos en el incendio y explosión del 1º de enero de 1953 en el sexagésimo quinto (1953-2018) Aniversario de su holocausto. Las características espirituales de nuestros Héroes de la Paz, no podían dejar de cumplir hasta lo sublime con la misión del Bombero Voluntario. Ellos vieron en esta Institución Bomberil un nuevo sacerdocio, propicio para sus caros anhelos de ser útil a la ciudadanía; por ello entregaron sus mejores energías, como para calmar un poco el incendio de generosidad que llevaban en su alma, y acaso nunca sus elocuencias alcanzaron acentos más conmovedores que al trazar, en cuadros de maestría insuperable, los contornos de quienes hacen a Dios ofrenda y sacrificio continua de sus existencias para salvar vidas y propiedades ajenas. Mediante estas líneas con encendida emoción rendimos homenaje a la 6ª Cía. “Cristóforo Colombo”, 7ª Cía. “Bomba España”, 8ª Cía. “Zapadores Franco-Chilenos”, 10ª Cía. “Eduardo Farley” y 11ª Cía.”George Garland”, también a los hombres caídos en Acto de Servicio y a sus sobrevivientes accidentados gravemente en la lucha contra el fuego. Hoy aún sobreviven entre nosotros nueve de estos héroes de la Paz, ellos ganaron la lucha contra la muerte y lograron dominar al fuego, ellos representan a esos bomberos de mediados del siglo pasado y que hoy siguen dándonos lecciones de como deben ser los bomberos de Chile y particularmente los del primer puerto de la República. Estos nueve hombres, todos Miembros Honorarios del Directorio General de la Institución madre de los bomberos de Chile, son: Humberto Aravena Jorquera y el Dr. Manuel Velasco Olave de la 2ª Cía. "Bomba Germania", Manuel Vásquez Campusano de la 4ª Cía. “Manuel Blanco Encalada”, Antonio Barchesi Elkins y Hernán Nocetti Cubillos de la 6ª Cía. "Cristóforo Colombo", Fernando Ulibarri Barahona de la 7ª Cía. "Bomba España", Luis Rojas Ramírez y Pedro Fernández Valenzuela ambos de la 9ª Cía. "Zapadores Freire", y Miguel Quintana González de la 11ª Cía. "George Garland", que enfrentaron el peligro junto a esos 36 Mártires, que vivieron el drama de ver partir a sus camaradas de ideal bomberil y al ligar estos nombres ilustres del pasado a la escuela del presente, fija sus miradas en el porvenir que sobre esa herencia inmortal dejada por nuestros mártires desde el Tte. 3° Eduardo Farley de la 1ª Cía. "Unión" el 15 de noviembre de 1858 hasta Guillermo A. Goldsworthy Godoy el 03.06.2002, se edifique y consolide la estructura magna de nuestras filas futuras.”

Valparaíso 1851 (hrm/cca)

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sábado, 28 de octubre de 2017

Don José Onofre Pizarro Caravantes, "El Divino Bombero" de los Cuerpos de Valparaíso y Santiago

 

Mucho antes de convertirse en el poeta vagabundo que recorría el barrio Lastarria con un carro de supermercado, José Onofre Pizarro Caravantes -el verdadero nombre del “Divino Bombero” -, que murió a mediados de octubre del presente año; fue bombero. Se inició como tal en Valparaíso y luego en Santiago. “Alguien le dijo que podía dormir en el cuartel y por eso llegó”, dice uno de sus ex compañeros “Cuartino” del Cuerpo Madre de los Bomberos de Chile. Gracias al magnífico trabajo realizado por la periodista Gabriela García y el gráfico Francisco Javier Olea de la Revista de Reportajes del Sábado que publica el diario “El Mercurio”, realizamos el presente trabajo para dar a conocer una pincelada de nuestro camarada de ideal bomberil, conocido como el “Divino Poeta Vagabundo”, gracias a los antecedentes de los registros que hay de él y que en gran parte fueron recopilados por Gabriela....
A esta investigación de la periodista se agregan los valiosos aportes entregados por el bombero Insigne y M.H.D.G. Eduardo Silva Henríquez de la 4ª Cía. de Valparaíso y de los bomberos Germán Paiva, Juan Carlos Peterson y el Director Marco Villalobos Riquelme. También de los bomberos “Tercerinos” de la Capital de la República como el historiador de Cuartel el bombero Carlos Iturra Briones, Maximiliano Echeverría Bertolone y Nicolás Inostroza Oyarzun, todos ellos integrantes de “La Heroica” como se conoce a esta Unidad del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Un grupo de bomberos sentados alrededor de una mesa en el cuartel de la Tercera Compañía de Bomberos de Santiago, más conocida como “La Heroica”, ubicada en Avda. Vicuña Mackenna con Diagonal Paraguay, hablan de la muerte de su ex camarada el bombero José Onofre Pizarro Caravantes, El Divino Anticristo. – ¿Se recuerdan de los escritos que nos pasaba a dejar? – dice el bombero Maximiliano Echeverría, cuando su compañero Nicolás Inostroza muestra la única foto donde José Pizarro C. el verdadero nombre del Divino Bombero aparece vestido con el uniforme de bombero "Tercerino". El capitán de “La Heroica”, Rodrigo Pineda Pasten, se toma la cabeza y dice: “No puede creer que el hombre de barba frondosa que ve en esa imagen de los 70, sea el mismo que murió hace dos semanas, a los 64 años, tras hacerse conocido recorriendo el barrio Lastarria con un carro de supermercado, vestido de mujer, con pañuelo en la cabeza y repartiendo sus versos”. -“Deberíamos hacerle una animita”- bromea Echeverría. Inostroza busca en youtube a Pizarro Caravantes convertido en títere, un varios capítulos del programa 3I minutos. Y el historiador “Tercerino” Carlos Iturra, agrega un dato más: - “Diana Navarrete, la artista que inmortalizó al Divino Anticristo en 2007 es la misma que pintó el óleo que retrata a uno de los mártires de la Tercera Compañía, el bombero Daniel Castro Bravo. El capitán Pineda mira la obra del personaje popular que fue exhibida en el Museo de Artes Visuales en la pantalla del celular de Iturra - Parece que uno de nuestros compañeros se convirtió en un icono pop - concluye. Las veinte personas que lo acompañan en la mesa asienten con la cabeza. -¡Así es capitán! -exclaman en tono marcial. 

BOMBERO EN VALPARAÍSO.-  

Su primera experiencia como bombero de José Onofre Pizarro Caravantes fue en Valparaíso, en la 4ª Cía. “Bomba Almirante Manuel Blanco Encalada” del puerto, ubicada en la calle Ramón Freire N° 159 del Puerto, del Sector del Almendral. Allí, algunos de sus excompañeros, al enterarse de la noticia de su muerte, intentan reconstruir sus días en la institución y algunos han propuesto juntar las anécdotas para hacer un libro. Según registros de la “Bomba Manuel Blanco Encalada”, Pizarro Caravantes llegó al cuartel en 1977. Debido a su alta y calificada asistencia, pronto hizo méritos para integrarse como miembro de la Guardia Nocturna “Ayudante Jaime Araya Jasme”, ello en perpetuo homenaje a este bombero mártir que ofrendó su vida en defensa de los habitantes del Puerto. José Onofre Pizarro Caravantes, llegó porque alguien le dijo que - se podía dormir en la bomba -recuerda Germán Paiva (64), un antiguo bombero que conoció a Pizarro en esa época. Paiva lo describe como un joven que entonces era rubio, alto y delgado. También sabía que Pizarro venía de una familia pudiente en Santiago: su padre era dueño del Instituto de Contabilidad y Técnica Comercial de Chile, que quedaba en la calle Santo Domingo. Pero las cosas se le habían complicado a Pizarro Caravantes, tras convertirse tempranamente en padre de un niño. Paiva recuerda que Pizarro se lo contó así: Me dijo: "- Mi padre me dio a escoger: o me dedicaba a los estudios o era hombre de familia, pero ambas cosas no me las iba a financiar". Pizarro no habría querido desprenderse de ninguna de las dos responsabilidades. Matriculado en Literatura en la UC de Valparaíso, y siendo bombero por las noches, había encontrado la fórmula para pasarle la plata del alojamiento a su pareja y así aportar con la crianza. Paiva recuerda que la mujer entraba a la guardia para mudar al pequeño de entonces ocho o nueve meses, sobre la cama de Pizarro. Luego salían los tres a almorzar. Pizarro no era un bombero común y corriente. Compartiendo las jornadas en la Guardia Nocturna, Pizarro trabó amistad con Germán Paiva, quien recuerda que "el Divino Bombero" se apasionaba hablando sobre literatura. Él me enseñó a entender profundamente el poema del Mío Cid y la figura de El Quijote. Y se reía de sus compañeros en la UC, porque al castellano le decían "lengua máter". Como bombero, las opiniones están divididas: mientras Eduardo Silva dice que se le veía la mayoría del tiempo deambulando de un lado al otro del cuartel, sin una tarea clara, Paiva da fe de que fue un bombero bastante activo y que asistió con él a apagar varios incendios. -Cuando había que enfrentar las alarmas, cumplía. Le gustaba mucho ir a las emergencias, se manejaba y se podía confiar en él -agrega. Pizarro permaneció en la 4ª Cía. “Bomba Almirante Manuel Blanco Encalada” del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso hasta 1978 y fue Ayudante de Pitonero y Gemelero (a cargo de dar el agua desde las válvulas). Pero le costaba cumplir con las normas de la Institución. Pizarro no habría querido desprenderse de ninguna de las dos responsabilidades; estudiante universitario en la U.C.V. durante el día y bombero Guardián Nocturno en las noches según lo dispone el Reglamento, era su fórmula para aportar el dinero del alojamiento a su pareja y contribuir a la crianza de su hijo. Pizarro era un joven con características especiales. Mientras el resto de los bomberos mataban el tiempo jugando cartas o cacho, él los miraba taciturno desde la barra del casino. Su comportamiento, dice otro de sus compañeros era extraño. Eduardo Silva, señala que “Pizarro Caravantes actuaba como un ermitaño. Se veía solo y sin un norte definido.-Cada noche llegaba con huevos y pan, pidiéndoles a sus camaradas de Guardia Nocturna le hicieran una paila. Como no tenía dinero, de eso se alimentaba”, agrega finalmente el M.H.D.G. Eduardo Silva Henríquez. Él me enseñó a entender profundamente el poema del Mío Cid y la figura de El Quijote. Y se reía de sus compañeros en la UC, porque al castellano le decían "lengua máter". Como bombero, las opiniones están divididas: mientras Eduardo Silva dice que se le veía la mayoría del tiempo deambulando de un lado al otro del cuartel, sin una tarea clara, Paiva da fe que fue un bombero bastante activo y que asistió con él a apagar varios incendios. -Cuando había que enfrentar las alarmas, cumplía. Le gustaba mucho ir a las emergencias, se podía confiar en él -agrega. Pizarro permaneció en la 4ª Cía. “Bomba Almirante Manuel Blanco Encalada” del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso hasta 1978 y fue Ayudante de Pitonero y Gemelero (a cargo de dar el agua desde las válvulas). Pero le costaba cumplir con las normas de la Institución. En 1978, cuando murió un bombero insigne en Valparaíso, Pizarro y Paiva debían llevar su capilla ardiente a los velatorios que se realizaron en el Salón de Honor de la Dirección General de la Institución en Plaza Rafael Sotomayor Baeza. Pero cuando Paiva, haciendo uso de sus años de antigüedad, le ordenó que se fuera atrás en el carro escoltando al difunto, José Pizarro se negó. -Su ausencia en ese homenaje le costó una amonestación y la salida de la Guardia Nocturna. Sin dinero para arrendar un lugar donde dormir, alargaba lo más posible su permanencia en el cuartel.-Los que seguíamos en la guardia nos íbamos a acostar tipo 22:30 PM. y el resto de los bomberos tenía que desocupar la bomba, pero él se escondía por ahí – el Bombero Insigne y M.H.D.G. Eduardo Silva recuerda y agrega; Un día, el Teniente descubrió que se iba al tercer piso, al Salón de Honor, donde se envolvía en las cortinas de terciopelo azul que caían de las ventanas para abrigarse. "Entonces, lo llamaron a la Junta Oficial y lo separaron de la Compañía”. 

BOMBERO EN SANTIAGO.-

Un año más tarde, en 1979, José Onofre Pizarro Caravantes reapareció como bombero, esta vez en la 3ª Cía. “La Heroica” del Cuerpo de Bomberos de Santiago. La bomba de Vicuña Mackenna. Había dejado inconclusos sus estudios y estaba de regreso en Santiago. Octubre Rojo, El bombero “Tercerino” de la Capital, Nicolás Inostroza Oyarzun sigue buscando información en los antiguos “Libros Rojos” de la institución: la hoja de vida de José Onofre Pizarro Caravantes dice que se integró a la bomba de Vicuña Mackenna el 13 de septiembre de 1979 y que tenía 25 años. Según se lee en el documento, escrito con lápiz pasta, Pizarro Caravantes era profesor. Recién separado de la madre de su hijo, y tras tomar cursos de computación en la Universidad de Chile, ahora enseñaba a usar aparatos de la marca IBM en el Instituto de su padre. Su pasada por la “Heroica” 3ª Cía. de Bomberos de Santiago fue más breve que la de Valparaíso, pero más polémica. Jorge Echeverría, director actual de la bomba, mira los datos y lo resume así: -“Traía un pelo rubio, como de vikingo, que casi le llegaba a los hombros, y que lo obligaron a cortarse comenta”. -Las votaciones para que se incorporen o no como bombero suelen ser unánimes, pero en su caso fue bastante dividida -dice. De un total de 56 votos, Pizarro obtuvo 41 a favor, 6 negativos y 9 abstenciones. Aun así, juró como bombero y el 14 de septiembre fue bautizado por sus compañeros, según se lee en el libro de la Guardia Nocturna. De todos los bomberos que lo recibieron en ese tiempo, Christian Ferri (63) fue el que más lo conoció: -Llegó con pelo rubio, muy parecido al que usaban en la antigüedad los vikingos, el pelo le caía hasta los hombros, por lo que su oficial superior le ordenó cortarlo de manera reglamentaria. Pizarro tenía clases de computación por las tardes, así que el resto del día se lo dedicaba a bomberos. A pesar que el actual Director de la Compañía, Jorge Echeverría, dice que "su asistencia era sobresaliente", apenas permaneció seis meses. Pizarro mantuvo la frondosa barba y fue apodado "Trotsky", por sus aires de revolucionario. Más irreverente de lo que lo conocieron en Valparaíso, “cuando en la 3ra. Compañía le encargaron limpiar los bronces de los carros bombas del siglo XIX, él fue al instituto donde daba clases de computación en busca de dos empleados”.- -Los llevó para que lo ayudaran. Pero de inmediato le llamaron la atención, porque su actitud estaba absolutamente fuera del canon. Es que Trotsky estaba más para dar órdenes que para acatarlas - Tenía una visión de mundo muy crítica que hacía que prácticamente nadie, excepto yo, lo entendiera. Cuenta Ferri, quien dice que a Pizarro siempre le costó encajar en la sociedad. Salir de la bomba para José Pizarro era difícil pues, no tenía amigos, salvo Ferri. En una ocasión, hasta fue a verlo al instituto en calle Santo Domingo y conoció a su padre. -Tenían una relación que estaba marcada más por la autoridad que por el afecto. Su madre, a quien no vi, estaba enferma -dijo. Sesenta días después de ser admitido como bombero, Pizarro fue amonestado por no asistir al homenaje de los mártires y acusado de estar involucrado en el estallido de unos petardos al interior de la Guardia Nocturna. En los registros, con fecha 29 de noviembre de 1979, quedó consignado el episodio: "Dadas sus poco claras e imprecisas explicaciones, la junta acordó citarlo al Consejo de Disciplina", se lee con letras rojas. El veredicto del Consejo llegó el 7 de diciembre de ese año: se le pidió abandonar la Guardia Nocturna y además fue suspendido durante 15 días. -Es una sanción medianamente grave -explica el director Jorge Echeverría, teniendo en cuenta que el máximo de tiempo que se le puede castigar a un bombero fuera de la bomba es 90 días. En febrero del 1980, en su hoja de vida aparece que renunció. Pero Ferri precisa que a Pizarro lo expulsaron tras mandar una polémica carta a sus oficiales, evidenciando su molestia con la institución.-Cuando lo echan, él queda muy afectado y no reaccionó bien. Posteriormente manifestó su enojo y su rabia a través de un escrito que llegó a la compañía. Fue como un desahogo. Una carta con esa brillantez que usaba para escribir. Franco, pero no agresivo -resume. La amistad con Ferri trascendió a pesar de su salida de la bomba. En los tiempos libres de ambos, solían ir a los Juegos Diana. O conversaban sobre teorías conspirativas. Ferri cuenta que Pizarro siempre andaba de camisa, corbata, chaqueta azul y pantalón gris. Y que alguna vez hasta le conoció a una novia. Se llamaba Lilian, y era una muchacha castaña, menuda y de piel blanca que había sido su alumna. En 1982 vino el colapso. Luego de que se incendiara el instituto de su padre, José Pizarro no tenía dónde trabajar ni dormir. Su excompañero intentó ayudarlo, pero ya no era fácil sintonizar con él. -Siempre fue un tipo extraño. Pero ahora me hablaba de que había tenido una revelación divina. Eran los tiempos en que comenzó a autodenominarse el Anticristo. Según él, el dedo de Dios le había apretado el pecho. Estaba fumando marihuana: "El nuevo vino", le decía -cuenta Ferri. Comer de los rastrojos -Ferri tomó distancia de su amigo. Pero cuando supo que el mismo editaba y vendía sus escritos en las calles, procuraba comprárselos y así ayudarlo con dinero para pagar la hospedería. -Le preguntaba: cómo escribes esto, y su respuesta era tan genial: "Agarro el diccionario de la RAE, hago una pregunta, abro el libro en cualquier página y busco con el dedo sin mirar una palabra cualquiera. A partir de ella voy hilvanando ideas". Fue a través de esos escritos, dice Ferri, que fue testigo de su metamorfosis. Pizarro se veía cada vez más andrajoso, pronto adoptó el carrito de supermercado y sus textos eran cada vez más incoherentes. -Para mí era fuerte, porque yo había conocido a otro José Pizarro. Un día encaró a una mujer que llevaba a un cachorro en los brazos, diciéndole que por qué estaba criando un perro si podía criar a un niño. Ferri quedaba consternado cada vez que se encontraban. En otra ocasión, lo vio en la calle con su hijo, cuando este ya tenía unos 14 o 15 años. -Ambos tenían un caminar idéntico -describe. Cuando Ferri le preguntó al joven si creía que su padre era el Anticristo, él asintió con la cabeza. -Ese día quise saber cómo se alimentaba y me dijo que lo hacía en La Vega. Entonces, le pregunté si había algún restorán de allí que le gustara. Su respuesta fue que comía de los rastrojos. "Es bueno, deberíamos ir un día juntos a comer allí", me dijo. Pizarro solía pasarlo a ver al local de Merced, donde Ferri vendía artículos para automóviles. Pero cuando llegó vestido de mujer, se produjo el quiebre. -De eso, hace 31 años. Venía con un pañuelo en la cabeza, falda y unas chalas tipo Condorito, y a mí me impresionó mucho ver a un tipo de más de cien kilos así en la calle -dice. Para su amigo, su esquizofrenia ya era notoria. Pizarro le dijo: "Soy la Cenicienta", y Ferri le pidió que se fuera. -A la salida, se topó con un auto que se corrió para que él pasara. "Vengo a ofrecer mis servicios sexuales", dijo. Yo de puro susto tomé a mi hija, que tenía apenas un año, en los brazos, mientras él gritaba incoherencias. Después de ese día me lo volví a topar varias veces en Lastarria. Ya no había cómo ayudarlo -dice Ferri. En la Tercera Compañía de Bomberos de Santiago, las nuevas generaciones de voluntarios recuerdan más al “Divino Anticristo” que a José Onofre Pizarro Caravantes. Pero a Maximiliano Echeverría le acaba de llegar al Whatsapp un texto que el poeta callejero escribió sobre su paso por la institución. Incluido en un libro pegado con huincha de embalaje y con la bandera de Alemania dibujada en la tapa, se titula "Hechos de bomberos", y es de 2003. Maximiliano lo lee en voz alta: "Hablar castellanísimo? ¿Estoy pensando que están histéricos con los incendios nocturnos? ¿Estoy pensando que hay cualquier enredito? El Comandante me está diciendo que despeje. ¿Estoy pensando que estoy histérico porque estoy pensando que desconecte cualquier línea? Me están diciendo que desconecte primero lo que están vueltos para el otro lado. ¿Estoy pensando que los gemelos son fomísimos? Estoy pensando que me tienen histérico las escalas. Estoy pensando que los gemelos tienen histéricos a los de Valparaisísimo. Estoy pensando que me trataron de estúpido porque les dije que instalen gemelos en los techos. ¿Estoy pensando que es cierto que estaban enojados?, ¿Estoy pensando que es cierto que estos escritísimos, me los Dicta Diosísimo. Estoy pensando que yo soy su secretario ejecutivo. El Comandante me está diciendo que tenemos que tener cuidado. El Comandante está diciéndome que se están poniendo cachuditas las Guardias Nocturnas. ¿Me está diciendo que es porque están histéricos? El Comandante me está diciendo que el incendio se está poniendo peligrosísimo. El Comandante me está diciendo que es por la soda cáustica. ¿El comandante me está diciendo que esos tambores los protejan dos que tengan experiencilla? Estoy pensando que el Comandante quiere que me transcurra. Estoy pensando que es por eso que me está diciendo que Ruljancic le cae biencito. El Comandante me dijo que tenga cuidado con Ruljancic porque es un demonísimo. ¿El Comandante me está diciendo que los demonísimos se ponen hidrofóbicos con el agua? El Comandante me está diciendo que los demonísimos están histéricos con el polvo químico...". Al otro lado del teléfono, el propio Ljubimir Ruljancic al que hace alusión la prosa del Divino Anticristo, también escucha: -Quizá qué habrá pasado por su mente -dice. -Las votaciones para que te acepten o no como bombero suelen ser unánimes, pero en su caso fue bastante dividida -dice. De un total de 56 votos, José Pizarro obtuvo 41 a favor, seis negativos y nueve abstenciones. Aun así, juró como bombero y el 14 de septiembre de 1979, fue bautizado por sus compañeros, según se lee en el libro de la Guardia Nocturna. De todos los bomberos que lo recibieron en ese tiempo, Christian Ferri (63) fue el que más lo conoció. 

EL DIVINO ANTICRISTO FUE TERCERINO.- 

Cuando un hombre presta su juramento de bombero voluntario no sabemos qué suerte correrá en su vida bomberil. Unos se quedan toda la vida, otros desertan a poco andar, otros hasta llegan a dar la vida en auxilio de sus semejantes. El 13 de Septiembre de 1979, José Onofre Pizarro Caravante, obedeciendo a su espíritu de entrega, se convirtió en bombero “Tercerino” y nadie hubiera podido adivinar cuál sería su suerte. La vida a veces nos juega malas pasadas y a Pizarro ésta lo doblegó, arrebatándole la claridad de su mente y sumiéndolo en un mundo fantástico donde para su felicidad, él era el protagonista. Tras un breve lapso de permanencia y de prestar asistencia a los actos del servicio, dejó “La Heroica” y poco a poco fue adquiriendo el singular personaje con que fuera reconocido prácticamente en toda la ciudad de Santiago. Tomando ya su nueva fisonomía lo vimos convertido en el “Divino Anticristo” como el mismo se bautizara y su empeño en reclamar lo que estuviera mal (en cualquier ámbito del acontecer nacional) lo materializaba en sus manuscritos que periódicamente vendía o repartía (algunas veces dejándolos en su ex Cuartel). En ocasiones, en encuentros casuales con su ex Compañía, parecía experimentar retazos de su vida pasada y no vacilaba en demostrar su afecto por los hombres de casco. Era un individuo pacífico que ahora vivía en la calle. Los intentos por darle luz a su cerebro terminaron en fracasos. Se le dejó vivir esgrimiendo su palabra contra las injusticias de los tiempos actuales. Esta madrugada terminó su lucha y fue encontrado junto a su carro de supermercado en el sueñísimo eternísimo. 

José, que descanses por fin en paz.
Valparaíso 1851 (hrm/cca)

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jueves, 8 de junio de 2017

Una cita con la Historia. Fundación de la “Asociación contra Incendios de Valparaíso”, a 166 Años de su Fundación.

Fundadores de la Asociación contra Incendios de Valparaíso,
Aquinas Ried (2° Cía.), Otto Uhde (2° Cía.), José Tomas Ramos (s/Cía.)
George Garland (1° Cía.), Carlos Hemenway (1° Cía.)

          El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, fue fundado inicialmente como Asociación contra Incendios de Valparaíso, el 30 de junio de 1851, con dos "Compañías de Bombas", una "Compañía de Hachas, Ganchas y Escalas" y una "Compañía Guardia de Propiedad", siendo denominado antes de ser fundado como la "Asociación contra el Fuego"

          De ellas la Compañía de Bombas N°2, conocida como la “Bomba Alemana” de Valparaíso, la más antigua de origen Alemán en Sudamérica, fue la primera en organizarse en Chile, ello ocurrió el 31 de marzo de 1851, cuando los alemanes provenientes de ultramar se prepararon convenientemente, dado que la gran mayoría eran comerciantes-importadores y necesitaban proteger sus productos. Por ello se prepararon gracias al apoyo recibido por el Club Alemán que existía desde el 09 de mayo de 1838 y se hizo el compromiso solemne de contribuir al engrandecimiento de Chile; su segunda patria. Las cuatro Compañías fueron denominadas “Asociación contra el Fuego”, hasta el 30 de junio de 1851, día de su creación.

          En este mes de junio de tanta significación para los Bomberos de Chile y ya prácticamente en la antesala de la conmemoración de la fundación del primer Cuerpo de Bomberos de la República, la invitación remitida por el Director de la Segunda Compañía "Bomba Germania" del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, don Carlos Cavajal Araya, constituyó para quien escribe una grata y agradable sorpresa, máxime cuando quien la enviaba era el único autor con vida de estos honorables bomberos que durante más de cinco años se dedicaron a la recopilación de antecedentes sobre el origen y la historia de la actividad bomberil en Chile y en especial del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso y que lleva por título "Valparaíso 1851", editado por Ediciones Universitarias de Valparaíso y financiado por esta editorial de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura dependiente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y cuyo lanzamiento se efectuó el pasado viernes 20 de junio de 2014 en el Club Alemán de la ciudad puerto.

          Esta cita con la historia, sin embargo, comenzó para el suscrito momentos antes del lanzamiento propiamente tal, dado que habiendo llegado a Valparaíso, sin siquiera avisar, solicité en la Octava Compañía del Cuerpo una dependencia para prepararme a asistir a la solemne ceremonia antes mencionada, siendo mi anfitrión su Director don Juan Paredes Brante, quien en amena conversación, me invitó a visitar una sala museo que existe en su cuartel, quedando impresionado con aquel añoso estandarte de 1856 y sobrecogido con el recuerdo de los 16 mártires de dicha Compañía en aquel fatídico incendio del 1° de enero de 1953 que cobrara la vida de 36 bomberos porteños, cuyos cascos retorcidos nos golpean de improviso y nos recuerdan de repente el compromiso de los Bomberos de Chile por el servicio.

          "Valparaíso 1851" nace entonces de entre la bruma del tiempo y el humo de los incendios, como bien dice su autor, transformándose en una oportunidad para que las nuevas generaciones de bomberos conozcan y aprendan aún más de su pasado y se transmitan las tradiciones y valores que nos dieron origen. Hojeando el libro, -"con h"-, como corrige don Mario Banderas, ilustre bombero de la 3° Cía. de Santiago (La Heroica) y del puerto presente en el acto, ya que dada su extensión, su lectura íntegra, nos llevará unos enriquecedores días de este frío invierno, desfilan los primeros esfuerzos por la creación de organismos combatientes del fuego como lo fueron los primeros "Serenos" y "Aguadores", la "Guardia Nacional" del Ministro Diego Portales Palazuelos, el "Cuerpo de Milicianos" de 1835, una incipiente "Compañía de Bombas de Incendios" que no fructificara, la Brigada de "Zapadores Bomberos" de 1840, y la insuficiente "Brigada de Infantería Cívica de Bomberos de Valparaíso", que diera paso finalmente a la "Asociación Contra Incendios de Valparaíso", creada el 30 de junio de 1851, siendo su primer Superintendente y Comandante don José Tomas Ramos Font. 

          La memoria de don Horacio Rodríguez Mc Kenna construyó esta obra desde sus cimientes, siendo don Carlos Carvajal Araya su fiel albañil, visitando una y otra vez las fuentes históricas repartidas en  bibliotecas y museos, recuperando la historia, como en aquel recordado episodio ejecutado por éste último en cuanto a buscar, por mandato de aquél, el ejemplar del Diario El Mercurio del 30 de junio de 1931, en que por vez primera se obtuvo una fotografía de don Otto Uhde, primer Capitán de la 2° Cía. "Bomba Germania". Una vorágine de información plasmada en una infinidad de documentación de la época nos traslada a los incendios y a las catástrofes más devastadoras que han asolado a Valparaíso durante los siglos XIX y XX, como también a la denodada acción de su servicio bomberil en que en una huella trágica, han empeñado sus vidas más de 66 bomberos, encabezando dicha lista el Teniente 3° Eduardo Farley de la 1° Compañía de Ganchos, Hachas y Escalas "Unión".

          Al ser disuelta en 1875 el Directorio la entregó a la 10° Cía. "Salvadores y Guardia de la Propiedad", guardar su memoria. Eduardo Farley falleció al caer cuando colapsara la techumbre de una fábrica de muebles ubicada en calle Esmeralda 1170, un fatídico 13 de noviembre de 1858, falleciendo dos días después.- Digo "más", por cuanto dicha lista se prolonga con aquellos "mártires no reconocidos" cuyo fallecimiento, por graves enfermedades, se ha producido cuando éstos prestaban su servicios y que los autores, con una gratitud que emociona, también los han consignado en este solemne martirologio. Una a una van desprendiéndose de esta obra tradiciones que los bomberos chilenos, cualquiera sea su cuartel, reconocemos como propias, como aquella de enterrar a los nuestros de noche, iluminados en su trayecto final, bajo la tenue luz de las antorchas y que se cuenta naciera en plena Revolución de 1859, con motivo del fallecimiento, el 12 de abril de dicho año, del joven bombero Domingo 2° Espiñera, en que la autoridad había negado el permiso a sus camaradas para reunirse y trasladar sus restos al Cementerio producto de ser antigobiernista, y su Director Ángel Custodio Gallo, permaneciere encarcelado "Cuarenta y cinco dolientes, los familiares y alguno de sus amigos y compañeros de Bomba (3ª Cía.) tuvieron que echar mano de Faroles, velas de cebo y chonchones para alumbrarse el camino"Horacio Rodríguez Mc Kenna, Carlos Carvajal Araya los autores y Patricio Rowlinson Vicuña colaborador eventual, no solo nos brindan en esta obra un aporte histórico único y documentado de lo que ha sido la existencia del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, sino que, en estos tiempos de relaciones de costo-beneficio, producto-resultado, renta y eficiencia, vale la pena reflexionar en el pensamiento final que nos dejan los autores de ella y que cierran estas seiscientas treinta y tres páginas excepcionales: "¿Cómo se explica entonces el asombroso éxito de los Cuerpos de Bomberos en Chile?
          El secreto del éxito no puede ser otro que su objeto mismo. Es el trabajo rudo y penoso que acerca, iguala y confunde a los hombres de todas las condiciones, que a todos levanta y enaltece ante ellos mismos y ante los demás; que satisface una necesidad física que muy pocos dejarán de sentir y la necesidad moral más sentida que aquella, de hacer relaciones y amistades tan sólidas como las que sólo se adquieren en las aulas de la escuela; es el trabajo, repetimos, que purificando al hombre del mal del egoísmo lo hace capaz de servir sin preguntar; a quien sirve y de hacer el bien sin expectativa de recompensa".

Raúl Bustos Zavala
      Secretario Nacional

           La Primera Reunión General de Bomberos se realizó el 30 de abril de 1851. Diez días antes se reúnen los comisionados de la "Defensa contra Incendios" para preparar la reunión que se realizaría el día 30 del mismo mes. Diez días más tarde , una gran cantidad de personas tomó parte en la Primera Reunión General de Bomberos, respondiendo así a la invitación de la "Comisión de Incendios". El llamado repletó los Salones del Teatro de la Victoria (1844-1878), ubicado en el costado norte de la plaza del mismo nombre (ex-Orrego), al lado del Palacio del Cabildo y muy cerca de la cárcel y el Mercado de Abastos. La comisión de Incendios nombrada, dio cuenta de lo que le fue solicitado el 29 de abril y fue lo siguiente: Con los pocos recursos informados, con dos "Bombines" usados, cedidos por el Directorio de la Bolsa Comercial y un "Carro Porta Escalas y Herramientas" en malas condiciones, nació, la "Asociación contra Incendios de Valparaíso" (hoy Cuerpo de Bomberos de Valparaíso), que fue el arquetipo moral y material de una nobilísima institución que debía extenderse en toda la República y convertirse en la escuela de abnegado deber, ajena ajena a cualquier estímulo y sin esperar otra recompensa que la valoración de la personalidad humana ante la propia conciencia. También se les entregó como tarea, estudiar la redacción y confección del "Acta Orgánica" o "Reglamento de la Asociación contra Incendios", la que permitió normar la naciente institución hasta el 1° de enero de 1862 en que entra en vigencia el primer Reglamento General del Cuerpo" con que contó la Institución.
La comisión informante recomendó a las personas que, a su juicio, debían componer dichas comisiones especiales, en la certeza de que tales personas sumaban a su idoneidad, una voluntaria y gustosa tarea de trabajar en ello. Sometido a votación el nombramiento de comisiones para la organización de cada "Compañía de Trabajadores contra Incendios, los bomberos reunidos aprobaron para la "2ª Compañía de Bombas" los siguientes nombres propuestos y quedaron aquellas constituidas en este orden: Por la 2ª Compañía de Bombas, Otto Uhde, Guillermo Müller, Antonio 2° Castillo y Alfredo L. Poppe. Esta comisión se reunió el 10 de mayo, en la Sala de la Bolsa Comercial de Valparaíso, en lo que se podría denominar la primera Reunión de Directorio antes de su fundación; para redactar el proyecto de "Acta Orgánica" de la "Asociación contra Incendios de Valparaíso"

          La Segunda Reunión General de Bomberos se realizó el 5 de junio de 1851. La segunda Reunión General de Bomberos tuvo lugar en la noche del 5 de junio de 1851, en los Salones del Teatro de la Victoria. En esa reunión se constituyó definitivamente la "Asociación contra Incendios de Valparaíso". Se da cuenta a los asistentes de haber sido designado como Superintendente del Cuerpo de Bomberos el señor José Tomas Ramos Font y para Directores, durante los seis primeros meses a los señores que firmaron el Acta Orgánica. La asistencia fue numerosa; pocos vecinos, de los más notables faltaron a ella.don Juan Carlos Gómez, miembro del Directorio dio cuenta de los trabajos que hasta entonces se habían efectuado para constituir convenientemente las Compañías de Bomberos. Somete a discusión general y particular cada uno de los artículos de la "Ley Orgánica" o "Reglamento de la Asociación contra Incendios", leyéndolos en dos oportunidades, redactada por el Directorio y sancionada por la autoridad, e invitó a los asistentes hicieran las observaciones que creyeren convenientes. Fue aprobada sin alteración alguna. Esta aprobación es comunicada al Intendente el 7 de junio de 1851 y piden se sirva prestarles los auxilios que ha tenido a bien ofrecerles en su oficio del 31 de mayo de 1851.

DIRECTORIO DE LA ASOCIACIÓN
          CONTRA INCENDIO

                                                                                                               Valparaíso, junio 7 de 1851.

Tenemos el honor de poner en conocimiento de V.S. que reunida la Asociación en uno de los salones del Teatro de la Victoria la noche del 5 del presente mes i sometida a discusión jeneral i particular cada uno de los artículos de la Ley Orgánica ha sido aprobada por aclamación de la Asociación, reunida sin la menor alteración.
Lo que se servirá V.S. admitir a su conocimiento i prestarle los auxilios que ha tenido a bien ofrecernos en su citado oficio. Sírvase V.S. aceptar las seguridades de nuestro alto respeto. (fdo.) Dederico D. Atherton, Guillermo Müller, Eduardo Mickle, Juan Norberto Mouat y Walters, Ángel 2° Castillo y Juan Carlos Gómez.

          Se acordó que este Reglamento General fuera firmado por todos los bomberos y que cada una de las cuatro Compañías  que formaban el Cuerpo de Bomberos, se reuniesen sucesivamente en la Bolsa Comercial, para formar sus reglamentos particulares y nombrarán sus capitanes y demás oficiales de Compañía.

Edificio de la Bolsa Comercial de Valparaíso con torreón en el 3° piso y
Asociación contra Incendios, hoy Cuerpo de Bomberos de Valparaíso 

          Designaron el viernes 6 de junio, a las 8 de la noche, para la "1ª  Compañía de Bombas"; el sábado 7 de junio,  para la  "2ª  Compañía de Bombas", domingo 8 de junio,  los alemanes ya se habían organizado el 31 de marzo de 1851, el lunes 9 de junio para la 1ª  Compañía de "Hachas, Ganchos y Escaleras", "Unión" y el martes 10 de junio para la Compañía "Guardia de la Propiedad" sin número.
A la petición de prestarles los auxilios ofrecidos por el señor Intendente en su oficio del 31 de mayo, donde aprueba totalmente y da el beneplácito al "Acta Orgánica" de la "Asociación contra Incendios", éste responde transcribiéndole al Directorio el decreto que ha dictado con fecha 10 de junio de 1851 y publicado por el diario El Mercurio el 11 de junio, que señala en forma textual: "Asociación de Incendios".-

Asociación de Incendios.- "Las cuatro Compañías de que se compone esta Asociación están ya organizadas con su oficialidad y su Reglamento. ¡¡ Cuanta actividad y entusiasmo para defender a Valparaíso de los incendios, su plaga asoladora !!. Solo en estos laudables trabajos orgánicos no se ha dejado sentir oposición, coaliciones ni revueltas: nosotros hemos realizado la igualdad, sin procesiones, predicaciones ni bullicios. La Asociación se ha reglamentado sin sendas discusiones, sin informes, sin acuerdo del del Consejo de Estado etc, etc. Organizada la defensa personal, falta que arreglar la parte material, las bombas, mangueras y herramientas. Las que hoy tiene la Asociación no son bastante para cortar un incendio, a lo sumo bastarían para detener la rapidez la rapidez devoradora de las llamas. El comercio de esta plaza costeó y tiene de su propiedad dos o tres bombas y sus cosas anexas. Estas bombas las ha tomado accidentalmente el Gobierno y permanecen en el cuartel de los Zapadores Bomberos. El Directorio debe exigir una representación al Ministerio pidiendo la devolución. El Directorio será atendido, pues no solicita si no lo que es suyo. Nosotros indicaríamos al directorio que solicitase del Gobierno auxiliara a la Asociación con una bomba de gran poder. El Fisco tiene propiedades e intereses muy valiosos en esta ciudad que defender de los incendios. La Municipalidad podría prestar también algún otro auxilio"


Valparaíso 1851 (hrm/cca)


Bibliografía: "Una cita con la Historia de Raúl Bustos Zavala, Secretario Nacional, Junta Nacional de Bomberos de Chile - Fotografía Mural del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso -

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lunes, 15 de mayo de 2017

La tragedia del Tranque Mena, gran catástrofe en Valparaíso el 11 de Agosto de 1888.

En la misma fecha: el 10 al 11 de agosto de 1888, casi al mismo tiempo en que el paso de las crecidas y tormentas de la Zona Central afectaban a Chile, también en Santiago echaban abajo el Puente de Cal y Canto. No satisfecho el destino con tanta desgracia sobre Valparaíso, otra de las catástrofes que ha debido soportar el primer puerto de la república y en la que tuvo gran participación su Cuerpo de Bomberos, fue la que se originó alrededor de las 08,00 de la mañana del día martes 11 de agosto de 1888, cuando se sintió un gran estruendo que estremeció a los habitantes del cerro Florida y sus alrededores, tras una noche de grandes e intensas lluvias....

Enorme almacenamiento de agua contenía el Tranque Mena y que al reventar uno de sus muros de contención como consecuencia de la inmensa presión, dejó escapar hacia el plan en pocos segundos 100.000 m3 de agua (60.000.000 de litros). Una ola roja de fango gredoso se precipitó cuesta abajo arrastrando desde troncos hasta personas. Más toda una inmensa carga de desperdicios que descendía sin control de una altura de 277 metros sobre el nivel del mar, a través de la Quebrada San Juan de Dios (hoy Av. San Juan de Dios y subida Ecuador), arrasando con todo lo que encontraba a su paso, principalmente por las calles Yerbas Buenas y General Mackenna. La fuerza del torrente descontrolado que dejó abandonada en la plaza, entre peñascos, escombros, maderas, pozas y lodo, una enorme roca de dos metros arrancada de cuajo con todo su tonelaje desde los cerros, la que permaneció por un buen tiempo más ahí, antes de ser removida. Otra roca quedó encallada junto a la Escalinata Murillo, sin poder ser retirada jamás. En el primer momento la gente pensaba que se había salido el mar, fue lo que después se conocería como “la catástrofe del Tranque Mena”. La represa cedió y en medio de ruidos aterradores, y con una fuerza incontrolable, el torrente de agua y barro se precipitó hacia el plan de Valparaíso arrastrando a su paso un gran número de viviendas y a sus moradores. Dejó daños millonarios y un lamentable saldo de más de una cincuentena de víctimas que fueron arrastradas por el violento torrente, quedando sepultadas bajo el lodo que cubrió e inundó desde la Plaza de la Victoria, Plaza Aníbal Pinto, hasta calle Esmeralda, cubriendo el lugar con más de 1 metro de escombros bajo los que yacían cerca de 60 personas sin vida, muchas de las cuales serían arrancadas junto a sus casas por la mortal avalancha. Además de las pérdidas materiales y de 700 heridos. Esta represa estaba construida mediante el cierre de una garganta rocosa para almacenar agua a 270 metros del nivel del mar en los altos de los hermosos cerros Yungay y San Juan de Dios, tenía una capacidad para almacenar cerca de 60.000 m3. El tranque medía en su base 40 metros y en su parte superior 15 metros, con una altura de alrededor de 17 metros. A él se accedía por la calle que continua a Yerbas Buenas alojándose al fondo del ceno que forman los cerros Florida y Yungay por sobre el “Camino Cintura”, actual Avda. Alemania. Pertenecía al agricultor y Regidor porteño don Nicolás Federico Mena acaudalado y solitario vecino del lugar que poseía en ese sector un gran fundo de 66 hectáreas a fines del siglo XIX, las que ocupaban casi en su totalidad el cerro de la Florida, con ello aseguraba el regadío de sus tierras, abastecía su Fábrica de Hielo y de Cerveza, El catálogo de la Exposición Nacional de Agricultura de 1869, señala que la Cervecería y fue fundada en el año de 1854. El establecimiento que ocupa 12.000 m2, tiene una cañería para extraer el agua de las quebradas y es usada para su fabricación. Empleaba como materias primas la cebada del país. Ocupaba 40 o 50 obreros, todos chilenos, y produce 12.000 litros diarios, de los cuales el 70% se consume en la región, exportándose el resto para las costas del norte y sur del pacifico. La maquinaria que usaba fue en gran parte construida en el extranjero”. También había una cantidad importante de agua para un sector de la población porteña que habitaba en el sector. Además, distribuía agua de la vertiente que extraía de la quebrada Yungay. Como dato complementario es bueno señalar que habían otras pequeñas cervecerías: entre otras la de Franz Duve, Pedro Frugone, M. Haertel y Cía., Pedro Martín, Juan Pigati, Gmo. A. Rohde y Cía., Ramón Zilleruelo. Sin embargo, la represa de don Nicolás Federico Mena fue construida sin permiso municipal y era sólo de tierra. Mena aumentó su altura, sin ninguna autorización como muchas edificaciones espontáneas de Valparaíso que desde sus inicios se fueron construyendo libremente. Por la ubicación y altura de la cota sobre el nivel del mar, con la cantidad de agua almacenada 60.000 m3 (70.000.000 de litros) esto ocasionó una desgracia de descomunales proporciones, porque durante el invierno del año 1888, el tranque se vio sobrepasado de agua. El día anterior había llovido copiosamente sobre Valparaíso y el martes 11 de agosto de 1888, amaneció con leve llovizna que posteriormente disipó despejándose parcialmente, sin que nada hiciera presagiar la tragedia. A los pocos minutos y sin que la población casi lograra comprender, una impresionante masa de agua, barro y rocas se derramó por el cerro, destrozando todo cuanto encontró a su paso dejando destrucción y muerte. Un terraplén en el Camino de Cintura aguantó una buena parte de la avalancha, lo que significó que la catástrofe no fuera mayor, aunque luego de unos 15 minutos, también cedió, pero el aluvión bajó con menos fuerza, abarcando otras calles. Pablo Neruda eligió ese sector para establecerse y así poder “Vivir y escribir tranquilo”, El médico y gran amigo del poeta Dr. Francisco Velasco Núñez ha expuesto, en La Sebastiana, muchas veces son paisajes de oleos de Valparaíso y retratos de cercanos al doctor en homenaje al escritor. El Doctor cuenta que el vate se levantaba muy temprano y escribía todos los días, pues no creía en la inspiración. Agrega que "Pablo era muy bueno para hacer fiestas, y eran entretenidas, porque él era muy entretenido, ingenioso e inteligente". “Los años con Neruda fueron muy felices, porque no sólo conocí a Neruda, también a grandes personalidades amigos de él, como Francisco Coloane" y a Salvador Allende, este último extraordinaria persona y para quien su mujer, la artista María Martner García, realizó un gran escudo chileno con piedras naturales, como ágatas y cuarzos. -Pablo compró la casa “La Sebastiana” a medias con el Dr. Velasco; el vate se quedó con los pisos superiores y doctor disfrutó por 30 años del primer y segundo piso, el subterráneo y el jardincito. También lo habitó en algún momento el recordado libretista nacional Arturo Moya Grau, luego de ocurrir hace más de 120 años una de las más grandes tragedias que recuerde el puerto. La crónica de la época relata que don Eugenio Huberle se despidió ese día de su esposa en el sector alto de la ciudad y se dirigió a la botica del señor Eisele donde trabajaba, en la actual calle Condell. Luego de la avalancha, don Enrique Campusano, dueño de la tienda “La Colmena” atajó un bulto que arrastraba el barro. Una vez que le lava el rostro el señor Huberle reconoce a su esposa de quien momentos antes se había separado. Su casa había sido destruida y su hijita Blanca Aurora de año y medio, había fallecido. También informa de otros episodios sórdidos: “el caso de Nicolás Torres. Tenía su sastrería en lo que es la actual calle Pirámide. Su familia fue atrapada por el torrente. Murieron su esposa, cuatro hijos menores, y dos sastres que trabajaban con él. Don Nicolás fue llevado por la corriente hasta el sector de la calle O’Higgins, y desde el segundo piso de una casa le lanzaron una cuerda y milagrosamente pudo salvarse”. En una carnicería de Bellavista murieron dependientes y clientes y sólo se salvó una persona que providencialmente se tomó de un gancho para colgar carnes. Las tareas de salvataje de personas aisladas o arrastradas por las aguas; fueron extremadamente difíciles y peligrosas; en ellas se destacó el bombero y más tarde Capitán de la 7ª Cía. “Bomba España” don Enrique Campusano, quien fue distinguido por su valerosa actuación salvando la vida a varias personas, recibiendo por ello una “Medalla al Valor” de la Asociación de Salvavidas de Valparaíso. La búsqueda de cadáveres, por varios días, fue agotadora y penosa, pero el Cuerpo de Bomberos cumplió nuevamente con su deber. Tal fue la cantidad de barro y agua que se juntó en el lugar, que para transitar por el sector se debieron utilizar botes en el sector más afectado de calle (Carlos) Condell. Antonio G. Cornish Besa, Secretario General del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso en la Memoria correspondiente al año 1888 señala; “Ocurrido el 11 de Agosto de 1888 el desbordamiento del Tranque Mena, con lamentable pérdida de numerosas vidas y grandes perjuicios para una parte de la ciudad, el personal del Cuerpo prestó espontáneamente sus servicios y ellos fueron reconocidos por las autoridades en la nota que figura como anexo”. INTENDENCIA DE VALPARAÍSO (Nº 1.396) Valparaíso, Agosto 20 de 1888.- Su Excelencia el Presidente de la República, Don José Manuel Balmaceda Fernández, en nota fecha 17 del actual, me dice lo que sigue: “La conducta de las autoridades i de la sociedad de Valparaíso para reparar su última y cruel desgracia, ha sido propia de un pueblo abnegado i animoso. En mi nombre, y en el de la República que tengo el honor de dirigir, envío a Uds. mi palabra de justicia i de aliento. La envío muy especialmente al Cuerpo de Bomberos, que ha cumplido sus deberes virilmente, ennobleciendo la institución i dando ejemplo a todos los bomberos de Chile. Los pueblos que así entienden i practican sus deberes son superiores a toda desgracia”. Lo que transcribo a Ud. para su conocimiento i fines consiguientes. Dios guarde a Ud. FRANCISCO FREIRE. Al Señor Superintendente del Cuerpo de Bomberos don Manuel del Río. INTENDENCIA DE VALPARAÍSO (Nº 1.440) Valparaíso, Agosto 22 de 1888.- El I. Cabildo, en sesión de anoche, acordó dar las gracias al Cuerpo de Bomberos por los importantes y abnegados servicios que ha prestado a la ciudad con motivo de los desgraciados sucesos acaecidos el 11 del corriente. Al transcribir a Ud. el anterior acuerdo me es satisfactorio unir a él mis propios agradecimientos. Dios guarde a Ud. FRANCISCO FREIRE. Al Señor Superintendente del Cuerpo de Bomberos don Manuel del Río. He aquí tal vez la inspiración que tuviera el cantautor porteño Osvaldo “Gitano” Rodríguez al referirse en su canción al sino trágico de Valparaíso; “Y vino el temporal y la llovizna con su carga de arena y desperdicios. Por ahí paso la muerte tantas veces la muerte que enlutó a Valparaíso". La catástrofe pudo ser evitada si es que las autoridades hubiesen puesto la atención necesaria a las denuncias que se venían haciendo hacía más de dos años respecto del peligro que significaba dicho almacenamiento de agua en la parte alta de Valparaíso. Sin embargo nada se hizo. El hijo de don Nicolás Federico Mena, don Marcelo Mena Luna (1860-1932), tal vez cargando en su conciencia la horrible tragedia que ocasionara el descuido de su padre, antes de morir destinaría una cuantiosa fortuna (53.152,44 Libras de oro) para la creación de una fundación que construyera un hospital para niños que recibiría el nombre de Marcelo Mena y que popularmente se conoce como “Consultorio Mena”. En la actualidad una inmensa roca de varias toneladas puede ser vista encajada a un costado de la escala Murillo la misma que recorre en paralelo al ascensor al cerro de la Florida, y que es mudo testimonio de la fuerza que tuvo la avalancha. En el mismo cerro una calle principal y plaza recuerdan el apellido de ésta familia porteña que por desgracia apellidan una de las tragedias más grandes que ha sufrido Valparaíso. La peligrosidad del tranque fue denunciada en la prensa hacía más de dos años y sin embargo nada se hizo ni antes ni después, hasta que el tiempo dio la más horrible de las razones. En su testamento dispuso en definitiva la creación de cuatro fundaciones, para un Hospital, un Asilo de Ancianos, una Escuela Industrial y un Patronato para la repatriación de emigrados chilenos en el extranjero, constituyéndose en un nuevo filántropo de nuestra comunidad. La plaza y la calle Mena, recuerdan a esta familia indisolublemente ligada a Valparaíso. A un costado de esta plaza hay un mirador hacia el plan de Valparaíso justo sobre la plaza Victoria. El 11 de agosto cuando se produce la gran tragedia en el camino Cintura, lugar donde se había construido el tranque para retener aguas lluvias que le servía al señor Mena para el riego de sus tierras, se detecta lo mal construido del estanque y forma precaria lo que provocó el derrumbe de la frágil represa. En su camino hacia el plan el agua se deslizó por la quebrada Yungay, (hoy Avda. Yerbas Buenas), dejando el centro de la ciudad sembrado de restos de casas y cadáveres. El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso desplegó sus mejores esfuerzos desde los primeros momentos, cooperando en la extracción de víctimas sepultadas en el lodo. En esta catástrofe resultó seriamente dañado el cuartel de la 4° Cía. “Almte. Manuel Blanco Encalada” la Cuarta (1885-1903), ubicado en calle San Juan de Dios,( hoy Carlos Condell de la Haza) y en las mismas dependencias del edificio funcionó también, en forma paralela, la Novena (1858-1898) y la Cuarta (1885-1903) Compañías de Bomberos de Valparaíso, donde hoy se ubica el Club Naval de la Armada de Chile (04.04.1918) denominado en sus albores como Círculo Naval (05.04.1885), resultando dañado el mobiliario y los archivos de la Unidad Bomberil. El 24 de marzo de 1889 se reinauguran las dependencias remodeladas del cuartel de calle San Juan de Dios (hoy calle Condell) y al antiguo Callejón Huito (hoy calle Molina). El saldo final fue trágico; 57 muertos y 300 heridos graves (mutilados en su mayoría). La familia Mena quedó marcada por la tragedia y de ahí se origina esta suerte de “compensación” de don Marcelo Mena. Cuenta el profesor Sáez en su libro: “este hijo heredó una fortuna considerable, y nunca se casó ni tuvo hijos. Durante su vida no tuvo ningún rasgo de filantropía, pero el 18 de mayo de 1925 firmó un testamento en el que dejaba toda su fortuna a cuatro fundaciones”. Conociendo esta historia, a lo que se suma la hoy nula presencia de la Fundación Mena en el consultorio, los vecinos abrieron un plazo para entregar las propuestas para un nuevo posible nombre para el centro. Esto, porque siempre se consideró en este proceso la mantención del actual nombre, “Marcelo Mena”. Según explicó el presidente del Consejo Local de Salud del sector, Serapio De la Cruz, “primero se recibieron las ideas de los usuarios del consultorio, y después se hizo una preselección entre todas las que llegaron, de donde salieron finalmente las que fueron votadas por la gente. Siempre se dijo que la mantención del nombre también podía ser votada, y se votó por una nueva propuesta”. El resultado fue sorprendente. Cerrado el recuento, 152 personas votaron por mantener el nombre “Marcelo Mena”, mientras que 147 lo hicieron por la opción “Michelle Bachelet”. Otras opciones fueron “Pablo Neruda” (22 votos), “Bicentenario” (40 votos), y “Mena” a secas (54 votos). Pareciese que la fuerza de las tradiciones es poderosa. Los vecinos destacaron que ”Es primera vez que esto se hace en Valparaíso”, los participantes quedaron orgulloso del ejercicio democrático realizado por la comunidad que se atiende en el consultorio, proveniente en su mayoría de los cerros de la Florida, de las Mariposas, de las Monjas, de la Bellavista, Yungay y San Juan de Dios. Ahora, a esperar la inauguración y puesta en marcha del nuevo consultorio “Marcelo Mena”, que seguirá recordando al personaje histórico que marcó el sector con su beneficencia, intentando borrar el desastre que dejó la ambición desmedida de sus antecesores, autores de una de las páginas más tristes en la larga historia de desastres de Valparaíso. ¿Sabrán esa historia los vecinos que votaron por mantener el nombre? 
Valparaíso 1851 (hrm/cca)

"Valparaíso al Trasluz", Alfredo Larreta y Julio Hurtado, 2010 (p. 77-79) - Fundación Mena   Foto y texto de Mario Ortega P. - Profesor Leopoldo Sáez, escritor libro “Valparaíso - Nombres, Lugares y Personajes” - Valparaíso bajo el agua", Alejandro Osorio Estay, Cineasta.

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lunes, 8 de mayo de 2017

La Jornada del Hambre, viaje de los Bomberos de Santiago, al Terremoto de Valparaíso el 16 de agosto de 1906.

Entre los escasos libros de temas bomberiles escritos en nuestra patria, hemos encontrado uno de ellos que; grafica lo que fue la participación de bomberos en el terremoto del jueves 16 de agosto de 1906 a las 19,55 horas en Valparaíso; Capital Marítima de la República. Su autor el distinguido bombero de la Sexta Cía. “Salvadores y Guardia de Propiedad” de Santiago, Galvarino Ponce. A modo de génesis antes de la llegada de bomberos de la Capital se puede señalar que el 16 de agosto de 1906 amaneció con el cielo parcialmente despejado en la ciudad. Se suponía que sería un día hermoso camino a la primavera, sin embargo a media mañana el cielo se cubrió y una extraña llovizna empezó a caer en el puerto. A las 19,55 horas poca gente andaba en las calles. La mayoría estaba en casa cenando, en sobremesa o ya descansando en cama.
 
 Durante 4,55 minutos la tierra se sacude con fuerza, se tranquilizó durante otros 15 segundos y nuevamente se sacudió con insólita y desconocida fuerza durante eternos 90 segundos. Cuando los 8,6 grados se retiran quedan en el puerto más de 3.000 muertos y una estela de incendios que iluminan el cubierto cielo de la ciudad durante toda la noche y los saqueos se castigaron con fusilamiento en plena calle sin juicio alguno. El 16 de agosto de 1906, siendo presidente Germán Riesco Errázuriz y estando ya elegido su sucesor Pedro Elías Pablo Montt Montt, sobrevino el peor terremoto que, en número de muertos, supero a los anteriores ocurridos en Chile. El terremoto había sido anunciado hasta con indicación de lugar y hora de ocurrencia. El Capitán de Corbeta ;Arturo Middleton, jefe en ese entonces de la Oficina Meteorológica de la Armada de Chile, basándose en estudios anteriores del Capitán de Marina Mercante Alfred J. Cooper (autor del libro Solectrics; a theory explaining the causes of tempests, seismic and volcanic disturbances and other natural phenomena : how to calculate their time and place (1917), señalaba: Los resultados obtenidos por el capitán Cooper provienen de investigaciones de cientos de observaciones y de cuarenta años de práctica las que casi en su totalidad han coincidido con diferentes fenómenos atmosféricos. Están basadas todas ellas en situaciones relativas de luna, planetas y sol, tomando la primera como factor principal y la que por su influencia es la que hace variar en intensidad los diversos fenómenos y según la posición que ocupe sobre su órbita”.Después de describir las teorías de Cooper, Middleton concluía: Si en las circunstancias anotadas anteriormente los círculos de la luna y el sol se interceptan,formarán dos puntos críticos que serán los de mayor peligro”. Finalmente, el diario “El Mercurio” de Valparaíso publicó la carta de Middleton el 6 de agosto en pequeño espacio indicando: REPÚBLICA DE CHILE ARMADA NACIONAL Pronóstico sobre fenómenos atmosféricos: La Sección de Meteorología de la Dirección del Territorio Marítimo ha pronosticado fenómenos atmosféricos y sísmicos para el día 16 del presente mes, basada en las siguientes observaciones. El día fijado habrá conjunción de Neptuno con la luna y máximo de declinación norte de ésta. A causa de estas situaciones de los astros, la circunferencia del círculo peligroso pasa por Valparaíso y el punto crítico formado con la del Sol cae sobre las inmediaciones del puerto. Cap.C.C.  Arturo Middleton. En la crónica La catástrofe del 16 de agosto de 1906 en la República de Chile publicada ese mismo año, los autores se preguntaban “¿Tuvo alguien en cuenta en ese día la predicción del capitán Middleton?”. responden: Seguramente no, porque desde hacía algunos años, los anuncios de días críticos de otro origen habían fracasado y caído en completo desprestigio”. Terremoto A las 19:55 horas, cuando la mayor parte de la población estaba comiendo, se oyó un ruido subterráneo y antes que este terminara se produjo el primer remezón, que duró alrededor de cuatro minutos; El segundo se produjo a las 20:06 y, aunque duro dos minutos, fue muchísimo más violento, completando la ruina de la ciudad. Valparaíso quedo prácticamente destruida. El barrio El Almendral (de la Plaza de la Victoria hasta el Cerro Barón) ardía en sus cuatro costados y los muertos se contaban por miles. Tampoco se salvó el Mercado Cardonal, el Teatro de la Victoria y la Intendencia, la Gobernación Marítima en la Plaza Sotomayor y el Muelle Fiscal en el Puerto, entre otros edificios. Los incendios devastaron extensas áreas de la ciudad ya destruidas por el terremoto. Las réplicas ocurrieron durante toda la noche, contándose 56 de ellas durante las primeras veinticuatro horas; causando permanente intranquilidad agregándose el temor de que la tierra se abriera y de que ocurriera un maremoto. Según muchas personas el mar se retiró y dejó en seco la playa al pie del malecón, calculándose que el descenso de las aguas fue de aproximadamente cuatro metros bajo el nivel de esa hora; al regresar las olas, los malecones impidieron la inundación de la ciudad. El terremoto provocó graves daños en la zona central de Chile desde Illapel a Talca. Sentido en Tacna a Puerto Montt generando un maremoto. Levantamiento de suelo ocurrido a lo largo de la costa desde Zapallar de Llico (cerca de 250 kilómetros o millas 150). VIAJE DE LOS BOMBEROS A VALPARAÍSO (CON MOTIVO DEL TERREMOTO DEL 16 DE AGOSTO) LA JORNADA DEL HAMBRE AUTOR: GALVARINO PONCE, BOMBERO DE LA 6ª COMPAÑÍA DEL CUERPO DE BOMBEROS DE SANTIAGO. Explicación: Poco antes de partir a Valparaíso mi capitán me ordenó que redactara un diario con las novedades del viaje. Las líneas que van en seguida forman ese diario. Algunos compañeros benévolos han deseado se publiquen para guardar el recuerdo de esa jornada azarosa. He suprimido algunas observaciones íntimas i he agregado otras para hacer menos árida su lectura. He pensado que podía venderse este folleto i el producto de su venta podría aliviar algún dolor. I me he acordado de los huerfanitos que trajimos de Limache. Es, pues, para ellos todo lo que se reúna por la venta de este cuaderno. No necesito invocar sentimientos caritativos a mis compañeros; sé que ellos, sus madres i hermanas, acudirán presurosos a depositar la limosna que destinarán a los que no conocieron el más grande de los cariños! GALVARINO PONCE 16 de octubre de 1906 EL VIAJE DE LOS BOMBEROS A VALPARAISO En la noche del 18 de agosto se reunía en los salones de la Comandancia del Cuerpo, un grupo numeroso de bomberos que deseaban escuchar las resoluciones que tomaría la Comandancia, sobre el viaje a Valparaíso. Después de una discusión corta, se acordó que las comisiones partieran al día siguiente. El señor Superintendente don Ismael Valdés Vergara dijo en aquella ocasión: No creáis, señores voluntarios que el viaje sea fácil. Las privaciones i los sufrimientos serán vuestros compañeros inseparables. Os recomiendo llevéis abrigo i provisiones i que la esperanza de ser útiles, haga menos penosa la marcha. Con estas palabras se dio por terminada la reunión. Cumpliendo las órdenes impartidas, a las 9 A.M., en punto, estaba formado el Cuerpo en los andenes de la Estación Central. Los capitanes de Compañía se habían esmerado en seleccionar de su personal los jóvenes más trabajadores i entusiastas. El señor Superintendente Valdés, el Comandante Phillips i los Capitanes Ayudantes, pasaron revista en medio del mayor silencio. Se ordenó en seguida ocupar los carros del tren especial que a los pocos minutos partía, en medio de los adioses de los compañeros que quedaban al cuidado de la ciudad. Llevamos como jefe al 2º Capitán Ayudante, don Alberto Mansfeld. La marcha fue lenta; la línea está en mui mal estado, el maquinista va inseguro; es el segundo tren que corre después de la catástrofe; el primero lleva a los señores Ministros de Guerra e Interior i ha partido tres horas antes. Por todas partes se divisan murallas, pircas i ranchos destruidos. Los edificios de las estaciones i bodegas están destruidos unos, agrietados otros. En el Túnel de la Paloma se hace un trasbordo dificultoso, la entrada norte está obstruida por grandes peñascos desprendidos de los altos cerros. Aquí encontramos una Compañía de Ingenieros Militares que ha hecho un camino por fuera del túnel i que nos ha servido para hacer el trasbordo. Esta tropa parte a Llai-Llai, antes que nosotros, en tren especial que lleva orden de volver por el Cuerpo. Tenemos que luchar constantemente con un sinnúmero de paisanos que ocupan los carros i dejan a los voluntarios, no solo sin asiento, sino también sin lugar para seguir el viaje. Van cerca de trescientas personas en dos carros de primera. Los enviados i corresponsales de la prensa santiaguina se abren paso valientemente para llegar de los primeros. Los corresponsales fotográficos, para hacerse gratos, enfocan sus máquinas a cada momento… Varios paisanos tienen sus familias en Valparaíso i van desesperados; los más son curiosos, a quienes no lleva otro propósito que recibir impresiones. En algunas estaciones encontramos personas que vienen a pie desde el puerto i que nos refieren escenas tristes i desgarradora, talvez exageradas. Nosotros preguntábamos: ¿siguen los incendios? ¿Hay vidas que salvar? ¿Será oportuna nuestra llegada? El pueblo de Llai-Llai, antes tan alegre i bulliciosa, ofrece ahora un aspecto desconsolador. Aquí no formamos una idea de cómo podía estar en Valparaíso. El señor Superintendente recorre el pueblo i parece que sufre ante tanta desgracia i tanta miseria. El noventa i cinco por ciento de las casas están destruidas; sus pobres habitantes recorren las calles como enfermos, mirando las ruinas i los escombros humeantes. Las chimeneas de los hornos i fábricas están derrumbadas; los hoteles mudos, ni un alma cerca de ellos. El médico de ciudad, nuestro amigo el doctor Hermosilla, nos dice que hasta ese momento, 3 P.M., se han sepultado cerca de 60 cadáveres; los heridos son innumerables, se han concluido los desinfectantes, no hay morfina para calmar los dolores. Es mui difícil encontrar pan. A las 9 P.M. llegamos a Limache, término del viaje en ferrocarril. Muchos fuimos partidarios de seguir inmediatamente, pero órdenes superiores nos hicieron pernoctar allí; quedamos descontentos, queríamos llegar pronto, trabajar, demostrar nuestro esfuerzo i de lo que éramos capaces. Por algunas personas nos impusimos que el pueblo estaba totalmente destruido. No hay nada que comer. Algunos voluntarios duermen en el mismo carro en que hemos viajado, otros sobre montones de pasto seco, muchos hacen fogatas para espantar el frío de aquella noche cruel, las mismas sirven para cocer papas, único alimento de muchos voluntarios en aquel primer día de nuestro viaje. Los señores Ministros duermen en esos momentos en un carro, un centinela los cuida. DIA 20 A los gritos de ¡levantarse! ¡arriba! Despertamos: serían las 05,00 de la mañana. Arreglado el equipaje, emprendimos la marcha envueltos en una neblina densa i oscura. La esperanza abrigada desde la noche anterior de que el Regimiento Lanceros, pudiera darnos una taza de café, fue una ilusión forjada en la mente de algún voluntario alegre. Algunos empleados de la estación nos acompañan con luces que alumbran miserablemente hasta el puente del ferrocarril. A nuestro lado marchan paisanos en cuyos rostros se advierte el sufrimiento i la falta de alimentación; han dormido en el suelo, desean seguir viaje con el Cuerpo. Algunas compañías entonan marchas, en silencio, otros silban. Pronto despierta la mañana. La neblina se aleja flojamente i deja descubierto los árboles i la verdura; los pájaros sacuden sus alas i cantan, saludan a la aurora. Llega el sol brillante i todo lo alumbra con alegría; los campos están hermosos i se recuerda al poeta inspirado que dijo: I tus campos de flores bordados, Son la copia feliz del edén … Todo invita a la alegría, el corazón ríe, el estómago olvida sus ansias crueles… Al medio día el sol incomoda demasiado; los cascos i las gruesas cotonas no son apropiados para esas marchas. La alegría ya no es nuestra compañera, avanzamos mudos, sudorosos, con la cabeza inclinada. A esa hora la 5ª toma la vanguardia, se aleja con orden. Algunos bomberos queremos llevarnos la gloria de llegar primero a Peñablanca i avanzamos en desorden. Hai un poco de amor propio escondido en el pecho de cada bombero. Lleva la punta uno de la 10ª; luego sigue la 5ª i al lado de ésta, un bombero de cada una de las compañías 2ª, 6ª i 7ª sigue impertérrito con su hacha al hombro. En Peñablanca encontramos un poco de pan, una taza de té i harina tostada. Descansamos una media hora i se dio orden a la 5ª para que siguiera de avanzada hasta Quilpué, donde haría preparar alimentos para todos los compañeros. A las dos horas de camino no se había ordenado descanso i esto obliga al Teniente de la 6ª a tomar la siguiente medida: Mi compañía hace jornadas de una hora i descansa cinco minutos. Esta medida dio excelentes resultados i se cumplió estrictamente. Parece que la 2ª hizo algo parecido, pues en los momentos que descansábamos, la vimos pasar en buen orden. En el camino encontramos escasas provisiones. El pan se cuidaba como oro. En Peña Blanca vimos al voluntario de la 6ª, don Juan Fleischmann, desprenderse del único que guardaba, para obsequiarlo al médico de ciudad de Santiago, doctor Donoso Grille, que ese día no había comido. Las damas i los vecinos más respetables nos esperaban en Quilpué, con galletas, té, charqui, etc. Este fue el origen feliz de la “Olla del Peregrino”, que tantos servicios prestaron en aquellos amargos días a todos los que por allí pasaban, incluso el Exmo. Señor Montt. Fue tanta la atención de aquellas nobles personas, que el recuerdo de ellas quedará gravado eternamente en el corazón de todos los bomberos que hicieron el viaje. Antes de entrar en aquel cariñoso pueblo, otra familia nos había obsequiado con un vaso de buen vino que reconfortó nuestro cansado cuerpo. Con aprobación unánime, el simpático Schinor de la 5ª, gritó, antes de partir: “Por el pueblo de Quilpué hip! hip! hurra”, que fue contestado inmediatamente con los tres hurras reglamentarios. No es exagerado decir que el camino del ferrocarril estaba tan concurrido como cualquiera calle de Santiago. ¡Tanta era la jente que huía de la desgracia! Dos encuentros produjeron en nuestro espíritu una honda impresión que arrancó más de una lágrima. Encontramos a un bombero de Valparaíso; iba con su casco, llevaba en sus brazos a uno de sus hijos; le acompañaba su mujer, vestida de luto. Al vernos el desgraciado compañero nos dijo al pasar, con pena i amargura “mientras unos van, otros vienen”. No había tiempo para hacer preguntas que tal vez ahondaran dolores… Enseguida encontramos a un antiguo cuartelero de la 6ª i 7ª, que llevaba en sus hombros los dos únicos hijitos que había salvado. “Los demás murieron aplastados”, nos dijo, i siguió su camino bajo un sol abrasador, con hambre i sed. Una pobre mujer se nos agregó en el camino i junto con nosotros hizo varias jornadas sin demostrar cansancio ni fatiga, era una madre que iba a Valparaíso a ver su único hijo…En el Salto nos esperaba un tren de carga que nos llevó rápidamente a Viña del Mar, donde nos obsequiaron pan i cerveza. El señor Superintendente don Ismael Valdés Vergara, con una galantería exquisita i con cariño cuidaba a sus voluntarios i veía que todos estuvieran satisfechos. Aquí pudimos apreciar los nobles sentimientos de este caballero, que en nuestro entusiasmo juvenil de bomberos de otros años, no habíamos comprendido. Esa misma tarde seguimos a Valparaíso, desembarcamos en el Barón.Pintar el cuadro que se ofrecía a nuestra vista es tarea imposible, donde se detuvieran nuestros ojos veían edificios en ruinas i humos de incendios. Mirando hacia el puerto se veía la ciudad envuelta en una especie de oscura neblina, eran los restos de la conflagración de la ciudad! Entramos por la Gran Avenida. Todo el mundo nos miraba con curiosidad compasiva, varias señoras lloraron al vernos tan llenos de tierra i tan cansados. Todos querían saber de Santiago, pues no tenían noticia de la capital. Parece que olvidaban sus penas por saber la suerte de los habitantes de Santiago. ¿Mucho han sufrido? Nos preguntaban todos. En la Plaza de la Victoria, que estaba convertida en campamento, hicimos alto; se llamó a los oficiales de cada compañía i se les dijo: el cuerpo de bomberos queda sometido desde este momento a la autoridad militar i a todos los rigores de la ley marcial; se prohíbe murmurar i criticar las órdenes de las autoridades. Luego se nos puso a las órdenes del Comandante Schönmayer, militar activo i enérgico que nos señaló el sitio de nuestro campamento: Gran Avenida, jardines frente a la Sección de Detenidos. Dio las órdenes para que un grupo de voluntarios trajera víveres, sacos de porotos, papas, cebollas, harina i todos los elementos necesarios para hacer el rancho. Cada compañía nombró su ranchero, mientras los demás preparaban las carpas i recogían de los edificios derrumbados leña en cantidad suficiente. Luego ardían las fogatas i los porotos principiaron a ablandarse con grande alegría de nuestra parte. Nos preparábamos para comer i entregarnos al descanso cuando se nos ordenó formar. Eran las 8 de la noche. Principiaba a quemarse uno de los grandes edificios que teníamos al frente i se nos llamaba para que prestáramos nuestros servicios bomberiles. Dirigidas las miradas al incendio se pensó que era cosa de un momento impedir su avance, pero no había material de trabajo: ni escalas, ni hachas, ni ganchos, sólo una bomba con poca presión… El comandante Schönmayer comprendió nuestra situación i nos ordenó entonces salvar el mobiliario i la mercadería en peligro. Esta orden, hay que confesarlo, produjo un malestar profundo en las filas de los bomberos, no porque se nos hacía trabajar sin elementos de salvaje, sino porque era una locura mandarnos a edificios desplomados a recoger muebles, como si roperos viejos pudieran compararse con la vida de un bombero!! Sin embargo se trabajó con entusiasmo i se salvaron mercaderías valiosísimas. Mientras tanto el fuego seguía su obra devastadora, ardía una manzana íntegra que alumbraba siniestramente la pobre ciudad. ¡Nunca habíamos presenciado un incendio tan colosal! Se comprendió el peligro que corría la manzana vecina, en la que había numerosas casas comerciales i el Gran Hotel, valioso por su instalación. El comandante Schönmayer se desespera; de pie sobre una mesa, con su revólver a la cintura da órdenes oportunas i enérgica. Llama a sus soldados para que ayuden a los bomberos i les dice: “Hai que salvar los muebles del Gran Hotel; el que tome una botella, es hombre muerto; espero que la tropa siga cumpliendo con su deber como lo ha hecho hasta aquí”. Los soldados avanzaron silenciosos i en formación de batalla.Todos trabajan.

Mientras tanto en el entretecho del quinto piso del edificio indicado, trabajaban cuatro voluntarios: El Capitán Ayudante Horacio San Román Orrego de la 2ª, Cía. Blancheteau de la 7ª; Cía. Alberto Ried Silva de la 5ª Cía. i el que esto escribe. Se hicieron esfuerzos sobrehumanos para impedir que prendiera el fuego. Se recogieron todos los baldes de las habitaciones i se trató de llenarlos con agua que especialmente arrojaba un pitón desde la calle. Todo fue inútil; el calor del incendio vecino nos impedía estar más de dos segundos en las ventanas; el agua que nos dirijan para refrescarnos se convertía inmediatamente en vapor. El esfuerzo hecho por estos cuatro voluntarios fue presenciado por el señor Ministro de la Guerra, por todas las demás compañías, por bomberos de Valparaíso, por la tropa i por una infinidad de paisanos. El fuego rompió de repente i apenas quedó tiempo para escapar. Un momento más, el humo i las llamas nos envuelven. Otra manzana ardía i las llamas gigantescas que parecían elevarse hasta el cielo, alumbraban con tanta claridad los cerros que podían distinguirse perfectamente los más pequeños detalles. El comandante Schönmayer fue desde ese momento el hombre más popular entre los voluntarios. Cualquiera broma era contestada inmediatamente por la irremediable fórmula “hombre muerto”. Hay que dejar constancia que ese militar, mirado por nosotros como un loco en aquella noche, es un excelente caballero, de nobles sentimientos. Nos facilitó colchones en que dormir, i si no es por esta atención habríamos descansado sobre la humedad del jardín. A la una de la mañana comimos unos porotos i una excelente cazuela o cosa parecida, preparada por el eximio i simpático ranchero Juan Fleischmann. Después de protestar enérgicamente de la manera de roncar de Sabino Casou, nos quedamos profundamente dormidos. Este día lo ocupamos en distintos quehaceres. Una parte del cuerpo recibió orden de trasladar mercaderías de las estaciones del Barón i Bellavista i de varias bodegas al campamento militar, contiguo al nuestro, donde individuos de tropa repartían al numeroso público que las pedía con ansias. Hombres, mujeres i niños luchaban empeñosamente por recibir una escasa ración de carne o de frijoles. Los más fuertes atropellaban a las mujeres por lo cual el distinguido comandante Schönmayer dividió los grupos, medida ésta que fue muy aplaudida. ¡Los chicos, los pobres niños pedían pan i no había pan quedarles! En todos los rostros se marcaba el sufrimiento i la amargura, amarrados al corazón de aquellas gentes en esos días crueles i fatídicos. Los bomberos santiaguinos mitigaron más de algún dolor, pues de sus propias provisiones obsequiaron a mujeres i niños que las recibían con lágrimas en los ojos. Pudimos observar el noble i generoso caso de que un voluntario entregara el almuerzo de sus compañeros a un grupo de pobres mujeres que no habían comido desde el día anterior! En la tarde la 6ª recibió orden de trasladarse a los cementerios 1 i 2 a relevar a la 7ª, que estaba ocupada en abrir fosas i sepultar cadáveres. Tarea es esta que a cualquiera que no está acostumbrado a ella, le impresiona; sin embargo trabajamos como sepultureros i dimos tranquilo lecho bajo la madre tierra a más de cien muertos, muchos en estado de putrefacción. A la 6ª, en compañía de dos voluntarios de la 11ª i a las órdenes del Teniente de la 2ª, le correspondió el triste i penoso deber de dar santo sepulcro a ocho hermanitas de los pobres aplastadas por una misma muralla. En abrir las fosas nos acompañaron como cuarenta individuos que trabajaron solo por una ración en crudo. Desde el campo santo, totalmente destruido, divisábamos la ciudad. Hasta nosotros llegaban como extraña música, los golpes de millares de martillos que golpeaban en las planchas de zinc. ¡Eran los hijos de ese pueblo viril que preparaban las nuevas habitaciones! I pensamos que con tales hombres la ciudad resurgiría más hermosa i más grande, para gloria de Chile i de sus hijos. Los martillos seguían golpeando i nosotros también, con palas i barretas, seguíamos abriendo profusas fosas. En la tarde bajamos del cerro silencioso i tristes. Repartimos la ración en crudo a los que nos ayudaron i dimos cuenta del término de nuestro trabajo al Comandante Militar. Este aprovechó nuestra presencia para hacernos retirar de los escombros de una muralla volada con dinamita, el cadáver de un fusilado el día anterior. Lo arrastramos hasta un carretón de la policía de aseo, cargado de muertos, entre los que iban mujeres, hombres, un guardián con su uniforme, todos en macabro desorden. En seguida nos ordenó retirarnos al campamento después de decirnos le dijéramos si nos faltaban alimentos para hacerlos enviar inmediatamente. Sentimientos tan generosos comprometieron nuestra gratitud. En nuestra carpa recibimos la visita del doctor González Olate antiguo i querido compañero de la 6ª. Ha curado una gran cantidad de heridos i va en esos momentos al Hospital San Agustín a continuar su generosa tarea; no le queda tiempo para cuatro palabras. Vimos pasar al Excmo. Señor Montt; recorría la ciudad inmediatamente después de haber desembarcado. Va visiblemente conmovido. En la mañana hemos visto pasar a dos infelices rodeados de tropas; los llevaban a fusilarlos; un sacerdote los acompaña i les reza. A cierta distancia de los soldados va un público numeroso con deseos de presenciar el trágico fin de esos infames, son incendiarios… Hemos visto también a un pobre muchacho con los brazos amarrados por las espaldas, que lo traían, no sabemos de dónde, dos agentes de la sección secreta. Su rostro es simpático, tiene unos veinte años, va bien vestido con un traje plomo, lo llevan al campamento militar. Lo seguimos ávidos de presenciar el resultado de esa prisión. Los agentes se encuentran con un paisano que les dice: ¿I éste? Es bandido,contestan. Entonces hay que balearlo. El pobre hombre protesta de su inocencia, dice que es trabajador de un señor cuyo nombre no recordamos, que le permitan sacar de un bolsillo una libreta en que consta lo que afirma. No se le escucha. En el campamento no está el Comandante Schönmayer, se llama a un Teniente que pregunta ¿Trae parte? ¿Se ha sorprendido robando? No, contestan los agentes, lo hemos tomado por sospecha, además lleva este cuchillo, i entregan un puñal. El muchacho quiere defenderse pero no le es permitido; dos soldados lo amarran con alambres por las muñecas, se le pone centinela i los agentes se retiran satisfechos. Más tarde le vimos pasar; se le había dejado en libertad… ¿Se probó su inocencia? ¿Había alguna equivocación? ¿Era víctima de una venganza? ¿Quién era el sujeto que dijo a los agentes hay que balearlo? No pudimos averiguarlo i no lo sabremos nunca. Pero este hecho típico viene a destruir la creencia que existía i existe aún en muchos, que a cualquier individuo i por cualquier falta se le fusilaba sin más trámite. No, las autoridades militares parece que procedieron en toda circunstancia amoldándose a la más estricta justicia i al criterio más sereno. Como a las 5 P.M. se nos ordenó recorriéramos cuidadosamente todos los edificios de una manzana, para imponernos de si había fuego, pues se temía, i talvez con razón, que los encargados de las mudanzas dejaban preparado el incendio… No encontramos nada digno de mención. En los momentos que reventaba una bomba de dinamita aplicada por individuos de la armada, para destruir un edificio en ruinas, nos encontramos con nuestro amigo el doctor Carlos López López, de nacionalidad boliviana, en compañía de los estudiantes de medicina, señores Julio Moscoso i Rómulo Romero. Se habían adelantado al grueso de la ambulancia que venía de la capital i después de una marcha penosa i llena de privaciones llegaban a ponerse a las órdenes del activo e inteligente doctor Grossi. La actitud de estos profesionales es digna de aplausos, tanto más si se considera que dos de ellos son extranjeros. Les ofrecimos inmediatamente nuestra carpa i comida que aceptaron reconocidos. El doctor López i sus ayudantes, sentados en el suelo, comieron esa noche, con bastante apetito un modesto plato de papas i un trozo de queso, pero sin pan. Les facilitamos además un colchón i uno de nuestros abrigos. En la noche hicimos guardia, a cada compañía le correspondía una hora. A las 8 P.M., al lado de nuestro campamento se fusiló a un bandido i su cuerpo quedó allí hasta el día siguiente, amarrado a uno de los árboles del paseo… A media noche se escuchan los fuertes estampidos que producen los explosivos en los edificios que aun arden i el fuego, en sus agonías, alumbra aun, con resplandores siniestros la ciudad destruida i atemorizada. DIA 22 A las ocho de la mañana recibimos la inesperada orden de alistarnos para volver a Santiago. El cuerpo se dividió en dos secciones, una compuesta por las seis primeras Compañías, i al mando del Capitán Horacio San Román Orrego partiría inmediatamente i la otra el día 23. En la Plaza de la Victoria, en la carpa de la primera autoridad i en presencia del Comandante Luis Gómez Carreño se nos armó con carabinas i las municiones correspondientes. Se temía que nos asaltaran i se corría, con visos de mucha verdad, que una veintena de jóvenes santiaguinos habían sido asesinados en el camino. Dejamos a Valparaíso con el alma enternecida i haciendo votos fervientes por su rápido resurgimiento. Desde el Barón hasta el Salto el viaje se hizo por ferrocarril sin novedad. Nuevamente principia la marcha a pie bajo un sol ardiente. En Quilpué fuimos nuevamente atendidos en la “Olla del Peregrino”. En este pueblo nos encontramos con los estudiantes de Medicina i médicos de Santiago. Vienen a pie desde Limache i cada uno de ellos trae un enorme paquete de charqui. Después de servirse algunos refrescos siguen viaje al norte. Nos hicieron infinidad de preguntas sobre el estado de Valparaíso. En Quilpué recibió orden la 6ª de seguir como avanzada hasta Villa Alemana de donde pediría a Limache por telégrafo un tren para el grueso. Nuestra compañía cumplió fielmente con lo ordenado por la superioridad; hizo una marcha forzada hasta Villa Alemana donde se le dijo había un tren lastrero que podía llevar a los bomberos. Después de un viaje duro i penoso alcanzó el tren, pero su maquinista se negó a esperar, por lo que nuestro entusiasta Teniente Farmer, ordenó que dos voluntarios siguieran hasta Limache en la máquina, mientras él esperaba en la estación con los demás compañeros, al Capitán Horacio Horacio San Román Orrego. Los dos voluntarios obsequiaron por el camino el pan que les quedaba a un oficial de ejército, que con numerosos soldados hacia trabajos en la línea i que no tenía ese elemento indispensable en toda comida. Llegamos a Limache en los momentos en que el señor Ismael Valdés Vergara i Ministro de Industria tomaban el tren en dirección a Santiago. Fuimos atendidos cordialmente por estos caballeros i el señor Ministro dio las órdenes necesarias para que nuestros deseos fueran satisfechos. Por el telégrafo de la estación se puso el siguiente telegrama. Comandante de Bomberos — Villa Alemana — Tren en una hora más — La sesta. A las 7½ P.M. llegaron los demás compañeros en carros de carga i se pernoctó allí en la misma forma anterior. Había alimentos en cantidad suficiente. Esa tarde llegaron a Limache numerosos miembros de la colonia italiana de Santiago que iban a prestar sus servicios gratuitamente a los afligidos habitantes del pueblo. Los dos voluntarios que llegaron primero a Limache fueron atendidos generosamente por varias familias. DIA 23 A las 8 A.M. estamos listos para seguir a Santiago. Antes de partir se entrega a nuestro cuidado un grupo como de 50 huérfanos de ambos sexos, algunos heridos i que deberíamos traer a la capital. En el camino los voluntarios juntaron todo el pan que llevaban i lo repartieron entre los chicos. Algunas señoritas les obsequiaron chocolate i los atendieron primorosamente; se les dio también agua recogida en una estación i parecían los pobrecitos estar muy satisfechos. En el túnel de la Paloma, cada bombero tomó un niño en los brazos para hacer el transbordo. Los trabajos para despejar la línea avanzan rápidamente; el interior del túnel está alumbrado para comodidad de los pasajeros. A ambos lados hay soldados con rifles. Camino ya directo a Santiago, el maquinista dio toda fuerza a la máquina. Fue aquello algo espantoso. La ferretería de los carros crujían como si se fueran a desarmar, varias señoras principiaron a llorar i a pedir que se detuviera el tren. Los que íbamos en el carro del carbón no nos dábamos cuenta de la alarma que había en los vagones, pero advertíamos que el tren avanzaba de una manera vertiginosa i que los ayudantes del maquinista habían perdido sus gorras arrastradas por el viento enorme que producía el convoy en su marcha. Un voluntario, nos grita i nos advierte el peligro, nos habla del pánico de los pasajeros. Se amenazó al conductor de la máquina para que regularizara la marcha. Los maquinistas de la 1ª i 5ª que viajaban en el carro carbonero hicieron cálculos matemáticos que demostró la velocidad increíble del tren: ¡cerca de noventa kilómetros por hora! En una de las estaciones en que el tren se detuvo se hicieron por casi todos los pasajeros, cargos al maquinista por su imprudencia. Un clavo malo, un obstáculo cualquiera en la línea, habría sido suficiente para producir una catástrofe espantosa. Seguimos por fin a Santiago, dispuestos a disparar nuestra carabina al maquinista, si este insistía en llevarnos con tanta velocidad. A las 4 i minutos P.M., se detenía el convoy i entregábamos los huérfanos en el Asilo de la Avenida Matucana de esta ciudad, en medio de la curiosidad de una inmensa cantidad de gente, mucha de la cual lloraba ante las dulces i tiernas escenas que se producían al saludarse las monjas de Limache i de Santiago. A los pocos momentos desembarcamos en la Estación Central, donde centenares de personas nos abrían calle i nos preguntaban por Valparaíso i sus desgracias.Mui variados comentarios hemos oído sobre este viaje después de nuestra llegada. La mayor parte de ellos son favorables para el Cuerpo, pero han circulado algunos con el objeto de empequeñecer el esfuerzo gastado por la juventud bomberil. No pudimos prestar nuestros servicios en forma debida porque las circunstancias no lo permitían. El material de trabajo de los voluntarios porteños estaba en su mayor parte bajo los escombros i nosotros no podíamos haber llevado el nuestro, por la falta absoluta de medios de transporte. Se mantiene, pues, siempre muy en alto, el deseo que nos guió al emprender la marcha sin más propósito que la de servir a nuestros semejantes en horas de dolor i desgracia. No debíamos ser nosotros los que dejáramos constancia de estos hechos si creyéramos que existe la modestia. Cada voluntario supo cumplir con su deber en todo momento i el noble uniforme se mantuvo en toda circunstancia siempre limpio i digno de su historia. Nadie podrá levantar su voz para señalar un hecho que haga desmerecer a un miembro de la institución, pero en cambio, ¡cuántas palabras de agradecimientos se pronunciaron en aquellos días tristes en que nosotros repartíamos provisiones o las teníamos a nuestro alcance! Nuestro viaje a Valparaíso podemos compararlo muy bien con una levantada de noche, cuando nos llama la lúgubre campana de alarma. Nadie es testigo del esfuerzo que gastamos para acudir presurosos. La ciudad duerme. Por los campos, fueron muy contados los que nos vieron a marcha forzada camino de Valparaíso… ¡Hemos quedado tranquilos i satisfechos! Nuestra intención fue santa! El recuerdo de ésta jornada vivirá perennemente con nosotros en la misma forma en que guardamos todo acto de servicio en que exponemos la vida sin vacilaciones ni dudas. No cerraremos estas líneas sin enviar antes un voto ferviente de aplauso a nuestros leales compañeros de Valparaíso. Fuimos testigos de sus desgracias, de sus esfuerzos i de sus fatigas. No olvidamos tampoco a los voluntarios de Concepción y Talcahuano que con elementos de trabajo llegaron por mar a Valparaíso en la misma mañana de nuestra llegada. PRECIO DE VENTA $ 1.- A BENEFICIO DE LOS HUERFANOS DE LIMACHE Notas: 1.- Este escrito es una transcripción del folleto editado en el año 1906, cuyos 500 ejemplares emitidos fueran confeccionados en la “Imprenta y Casa Editora de los Hnos. Ponce” y que como se menciona en su final, fueran vendidos en la suma de $ 1.- en beneficio de los huérfanos de Limache.Mr.Humberto Landi Lespinasse, ingresó a la 5ª compañía del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, el 14 de abril de 1906 para iniciar una carrera en la que alcanzó a servir todos los cargos de los servicios activos y administrativos de la “Compagnie”; por ejemplo en 1914 fue Capitán por primera vez y, en 1928, Director, cargo que sirvió ininterrumpidamente hasta el 4 de noviembre de 1950. Pasó luego a ser Tesorero General del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso entre los años 1950 a 1952; para llegar a ocupar el cargo de Vice-Superintendente del Cuerpo en 1954; culminando pronto como Superintendente en los años 1955 y 1956 cuando le correspondió celebrar el esperado Centenario de la existencia de la “Pompe France” de la que fue siempre destacado Voluntario. Llevaba tan solo, 4 meses y dos días de ingresado a Bombero cuando ocurrió el terremoto de Valparaíso de 1906. A los 8 años de servicio ya era capitán de compañía; sirvió el cargo de Director por 22 años. Y oficial general por 6 años, llegando a ser Superintendente de C.B.V. Además fue el presidente numero °12, del Club de Fútbol Santiago Wanderers entre 1927-1928 Condecorado con el grado de Caballero el 14-06-1951 por el gobierno de Francia “ Personnalités décorées dans l’Ordre National de la Légion d’Honneur. Valparaíso 1851 (hrm/cca)                                                                                                        
Fuentes: Bombero don Pedro Torti Besnier, 2° Cía. "Esmeralda" de Santiago / Wikipedia/ Cineasta don Lautaro Triviño Hermosilla, Valparaíso Antiguo: Terremoto de 1906 / www.segundinos.cl 2° Cía. "Esmeralda" de Santiago / Viaje de los Bomberos a Valparaíso, del Bombero don Galvarino Ponce 16.10.1906.

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