Mártires del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, Chile

miércoles 14 de octubre de 2009

La Revolución de 1859, el General Vidaurre y la 3ª Compañía de Bomberos de Valparaíso.


Junto con conocer fechas y acontecimientos que forman la historia del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, es interesante también descubrir el sentimiento de quienes han formado parte de la Institución, quienes ciertamente son sus personajes principales en estos 158 años de caminar a través del tiempo. Ellos han dejado un testimonio con su pensamiento respecto a los hechos vividos, y su punto de vista sobre los mismos.
La Tercera Compañía “Cousiño y Agustín Edwards”, en esa época, aún denominada “Cousiño” Nº 3 o del “Almendral”, se vio afectada por las agitaciones políticas que desembocaron en la Revolución de 1859, ya que en ella tuvieron activa participación varios bomberos que la integraban...
Es así que, al abrirse el período legislativo de 1858, Matías Cousiño Jorquera y Alfaro, donante de la bomba de la 3ª Compañía y padre del primer Director José Luis Cousiño Squella, presentó a la Cámara de Diputados, del cual era miembro, una solicitud para ofrecer en venta al Gobierno las acciones del Ferrocarril de Valparaíso a Santiago, de su propiedad, solicitud que finalmente tuvo el apoyo del Ejecutivo.
Sucedió entonces que Tomás Gallo Goyenechea, Diputado por Copiapó, y Ángel Custodio Gallo Goyenechea, Director de la 3ª Compañía de Valparaíso, y a su vez también Diputado por Valparaíso, poseían con sus respectivas familias un millón de pesos en las mencionadas acciones ferroviarias, y expusieron que esa negociación, si bien era ventajosa para ellos, la estimaban en cambio muy mala para los intereses del Estado; en consecuencia se opusieron y la combatieron con todo ardor. Este hecho, el flagelamiento de tres distinguidos ciudadanos, ordenado por el Intendente de Copiapó Juan V. Mira, y las actividades del “Club Constituyente”, fueron, puede decirse, las chispas que encendieron aquella contienda entre hermanos.
Ángel Custodio Gallo, era hermano del ilustre caudillo atacameño Pedro León Gallo, jefe principal de la revolución con que terminó el decenio del gobierno conservador del Presidente Manuel Montt Torres y su Ministro del Interior Antonio Varas de la Barra. Los partidarios del gobierno en Valparaíso y la capital eran mayoritarios, por lo que el señor Gallo fue detenido en el Club de la Unión en Santiago (del que era Director), donde se encontraba, junto con su primo Manuel Antonio Matta y su amigo Benjamín Vicuña Mackenna, para luchar por la reforma constitucional. Purgaron en la oscuridad de un cuartel sus vínculos sanguíneos con uno de los más tenaces opositores de la administración que terminaba (Pedro León Gallo), siendo enviado los tres al destierro a Liverpool (Inglaterra) en el buque inglés “Luisa Braginton”. A ellos se les suma Domingo Arteaga Alemparte
La 3ª Cía. se vio privada cerca de un año del concurso ilustrado y cariñoso de su digno Director, Ángel Custodio Gallo Goyenechea. Al cautiverio le siguió su Capitán, Juan José Rodríguez, y al de éste el del Teniente 3º Manuel Antonio del Río y varios otros bomberos. El Secretario Octavio González Reimundis, huyó al Perú por algún tiempo.
En estas circunstancias, la Tercera pasó difíciles momentos; testimonio de ello entrega el Teniente de Guardia, anotando en el Libro Diario del Cuartel el día 3 de febrero de 1859:
“Tenemos que lamentar la desgracia de la pérdida de uno de los miembros de la Compañía que ha sido extraído hoy de la casa del Cónsul Americano. También hay otros que están ocultos, de los cuales ya no tenemos esperanza alguna, para que nos acompañen en nuestros trabajos y fatigas. Que la felicidad y buena estrella los acompañe por doquiera que se encuentren”.
Antes de huir al Perú como se ha señalado, el Secretario en esa época, el joven pensador y estudioso Octavio González Reimundis, con indiscutibles dotes literarios, dejó cortos pero hermosos apuntes, impregnados de idealismo y de esos sueños un tanto quiméricos que en el comienzo de la mitad del siglo XIX llegaron a nuestras playas, traídos desde la vieja Europa, por algunos espíritus inquietos, como Francisco Bilbao. El cautiverio de gran número de bomberos debe haber producido quizás cierto eco simpático a estas ideas en el Cuartel de la Tercera, porque los escritos del Secretario González Reimundis, siendo en la forma una bella proclamación de elevados sentimientos de hermandad, en el fondo eran en realidad una protesta contra lo que a su alma debe haber parecido un ultraje a los sagrados fueros de la libertad y a la redención social que aquellos predicaban.
Interesantes de conocer son sus apuntes acerca de la “Fraternidad”, pues permiten comprobar los méritos literarios y el pensamiento de su autor:
“Pasar en silencio el estado de semi abandono i de indolencia que, por el momento, nos domina a todos los bomberos de la Tercera Compañía, sería arrancar forzosamente una página de duelo a la historia de nuestra vida pública.
Pero lejos de ser esta confesión un cargo que pese sobre nuestra fe y nuestro entusiasmo, es más bien la prueba irrecusable del imperio que sobre nosotros ejerce el principio de FRATERNIDAD tantas veces iniciado, tan pocas veces iniciado, tan pocas conseguido por los hombres de corazón. Estas palabras que hemos repetido con la copa en la mano o al lado del cadáver de un compañero; esta palabra que hemos escrito por lema sobre nuestra puerta y sobre nuestra bandera es entre nosotros una feliz realidad, un hecho que nos caracteriza, una cruz de honor con que, sin saberlo, sin conocerlo, nos hemos adornado para probar a los que nos la vean sobre el pecho que la fraternidad no es una quimera”.
Y después de una bella disertación sobre los deberes bomberiles que se derivan de ese mismo sentimiento de fraternidad, concluye el señor González Reimundis de esta manera:
“Podemos decirlo con satisfacción: entre nosotros no hay uno, ni uno tan solo, que deje de practicar los deberes fraternales que nos hemos impuesto recíprocamente.
Por eso es que la prisión de algunos compañeros nos hace alejarnos del Cuartel; por eso es que se nota entre nosotros cierto desaliento pasajero, que pasará como pasan las tempestades por sobre nuestros bosques; les azotan, les prestan armonías, pero no les derriban.
Que pasen las aciagas circunstancias de la vida política del país; que suene la campana de alarma; que sea preciso reunirnos, y entonces se verá a la Tercera Compañía tan numerosa, tan disciplinada, tan alerta como siempre por el servicio y como siempre rica de vida, de entusiasmo y de FRATERNIDAD”.

A todo esto, el ejército atacameño, era apoyado entre otros por Miguel Gallo Goyenechea, alcalde de Copiapó y Manuel Antonio Matta, patriarca del antiguo Radicalismo Chileno y primo del jefe revolucionario, el célebre Pedro León Gallo Goyenechea, cuyo ejército estaba formado principalmente por los célebres “Zuavos de Chañarcillo”. Inflingió completa derrota en la Batalla de Los Loros, el 14 de marzo de 1859 al ejército gobiernista, que era comandado por el coronel José María Silva Chávez, considerado de los mejores estrategas de la época. El Gobierno mandó entonces al norte al General Juan Vidaurre (Morla) Leal, y éste con 3000 soldados derrotó en Cerro Grande a Gallo que solo contaba con 2000 hombres. El General Vidaurre fue padre del ilustre Director Tercerino, Vicente Vidaurre Riquelme, por lo que se viene a inferir que los acontecimientos políticos de 1859 tuvieron en las filas Tercerinas marcada repercusión. Vicente Vidaurre era primo de Manuel Antonio del Río, y no deja de ser curioso que mientras éste era tomado preso por revolucionario, el padre de aquel era a su vez el encargado de dar el golpe de muerte a la revolución. Por lo demás se debe recordar que los señores Gallo Goyenechea, que hacían la revolución, eran a su vez parientes suyos.

Muerte del General Juan Vidaurre-Leal Morla
(Concepción 1802 – Valparaíso 1859)

Casado con Manuela del Río y Fernández con gran descendencia. Se incorporó al Ejercito de Los Andes. Como Cadete participó en el sitio y asalto de Talcahuano y en los combates de Quecheregua y Cancha Rayada. En 1818 fue destinado a la Academia Militar de Santiago y con ella concurrió a la batalla de Maipú. En 1826 pelea en la batalla de Bellavista, en Chiloé y en 1830 ascendió a sargento mayor. En 1831 fue comandante de la brigada de artillería de Valparaíso y designado elector de presidente de la República. En 1837, después de producido el Motín de Quillota, encabezado por José Antonio Vidaurre, su primo, combatió en las alturas del Barón, bajo las órdenes de Manuel Blanco Encalada.
Por su valentía y desempeño le otorgan una condecoración y para distinguirlo de su primo José Antonio, se le concedió el uso para sí y hasta la cuarta generación de sus descendientes, el título de "Leal", que usó desde entonces y que sus descendientes lo integraron a su apellido: Vidaurre-Leal. En el año 1838, se incorporó al Ejercito Restaurador del Perú y participó en las acciones de Yungay y Portada de Guías.
En 1843 fue miembro de la comisión redactora del Código Militar; al año siguiente, de la comisión revisora de la Táctica de Infantería; en 1846 fue sub-inspector de la Guardia Nacional; en 1847, inspector de los Cuerpos Militares de Valparaíso; en 1848, inspector de los Cuerpos Cívicos del Norte y en el año 1849, comandante general de armas de Santiago e inspector general de la Guardia Nacional.
En 1851, con motivo de la revolución que estalló el 7 de septiembre, en La Serena, cuyo objetivo era impedir la llegada al poder de Manuel Montt Torres y auspiciar la candidatura del general Cruz, fue nombrado comandante general de las fuerzas pacificadoras del norte. Impidió que las tropas revolucionarias marcharan hacia la capital, y las derrotó en Petorca, el 14 de octubre de 1851.
En 1852 fue nombrado Intendente y Comandante General de Armas de Chiloé. En 1853 ascendió a general de brigada y en 1854 se le designó Intendente y Comandante General de Armas de Atacama.
Diputado suplente por Osorno, 1855-1858, pero no hay constancia que se haya incorporado. Diputado por Lautaro (1858-1861). Integró la Comisión Permanente de Guerra y Marina.
Finalmente fue nombrado Comandante General de Armas y el 3 de septiembre de 1859 asume como Intendente (s) de Valparaíso en reemplazo del titular Jovino Novoa Vidal de viaje en Santiago y próximo a asumir el cargo de Ministro de Hacienda (3.10.1859 al 01.10.1861). El 18 de septiembre de 1859, a las 12,00 horas, luego de la celebración del Tedeum que se celebraba en la histórica Iglesia de La Matriz, ubicada en el sector Puerto de Valparaíso, fue cobardemente asesinado por el cabecilla del motín, Lázaro Valenzuela (algunos historiadores lo identifican como Lorenzo Valenzuela), quien le disparó a quemarropa. El hecho causó profunda indignación en toda la ciudadanía. El Teniente Orellana, oficial ayudante del general, quien caminaba junto al general Vidaurre se lanzó sobre el asesino y ayudado por soldados que asistían al Tedeum redujeron al criminal y lo encarcelaron. El general Vidaurre fue llevado al interior de la Iglesia de La Matriz donde le dieron los primeros auxilios y luego fue trasladado a la Intendencia donde murió tres horas después del atentado, pidiendo “perdón y clemencia para su victimario”, el cual, luego de ser sometido a Consejo de Guerra al día siguiente, fue condenado a fusilamiento junto a otros involucrados en el motín, según los Artículos 4 y 141 del Titulo 80 de la Ordenanza General del Ejército. Un auxiliar de la 3ª Compañía, el modesto jornalero Juan 2º Arancibia, fue víctima inocente también de este atentado, que se atribuyó a la política. Antes de fallecer el general entregó el mando al coronel Cornelio Saavedra, quien fue ratificado ese mismo día por el Presidente Manuel Montt Torres.
Los funerales del general que alcanzó a desempeñar el cargo de intendente solo dos semanas fueron de gran solemnidad, la ciudad estaba completamente embanderada y el cortejo fúnebre salió desde la plazoleta de La Matriz el 23 de septiembre, iniciado por la banda de música del Regimiento de Cazadores a Caballos y por un piquete de 25 batidores de esta misma unidad con oficiales, todos ellos montados en caballos tordillos.
A continuación formó el Cuerpo de Bomberos en pleno, con su estandarte, las tres Compañías de Hachas y Escaleras, las seis de agua y la Compañía de Salvadores y Guardia de la Propiedad, llevando a la cabeza la banda del Batallón Nº1 de la Guardia Nacional.
Tras de los bomberos marchaban todos los oficiales francos de las instituciones militares, el clero de Valparaíso y las comunidades religiosas. La procesión continuó por la plaza de la Municipalidad (hoy Francisco Echaurren García-Huidobro), calle de la Planchada (hoy Serrano) continuando por la calle de la Aduana (hoy Prat) y calle del Cabo (hoy Esmeralda); cruzaron la plaza del Orden (hoy Aníbal Pinto), siguiendo por la calle San Juan de Dios (hoy Condell), plaza de la Victoria, calle de la Victoria (hoy Av. Pedro Montt) hasta la calle de La Merced (hoy Av. Uruguay) llegando a la iglesia de La Merced.
En los últimos tramos de la marcha fueron desenganchados los caballos de la carroza y se concedió a los voluntarios de la 3ª Compañía el honor de arrastrarla hasta el punto en que los restos fueron entregados para conducirlos a Santiago. Todo ello en atención como se ha dicho, a que el general Vidaurre era el padre del voluntario Vicente 2º Vidaurre Riquelme, abuelo del abanderado Vicentito Vidaurre, y tío del Teniente 3º Manuel Antonio del Río. El General Vidaurre dejó también varios hijos de su segundo matrimonio con Manuela del Río Fernández, distinguida dama de Concepción, que naciera en Mendoza en el período de exilio que vivieron los patriotas. Además de los vínculos sanguíneos, el General había mirado siempre con profunda simpatía todo lo que se relacionara con la causa bomberil, por lo que era uno de los más asiduos visitantes del Cuartel.

El Secretario González Reimundis dio minuciosos detalles de la imponente ceremonia a que dieron lugar los funerales del viejo General, que aparte de su prestigio como veterano de la Guerra de la Independencia y de la alta investidura pública, gozaba de inmensa simpatía por su carácter afable y su rectitud en el proceder. Se puede decir que todo Valparaíso concurrió a esa ceremonia, desde sus más importantes autoridades hasta los más humildes ciudadanos, teniendo el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso una brillantísima participación y siendo el primer funeral de un servidor público al que concurrió en masa dicha Institución.
Cumplida esta ceremonia fúnebre las fuerzas militares, los bomberos, las autoridades y todos los concurrentes al funeral desfilaron ante la carroza. Una vez concluido este postrer homenaje, la carroza se puso lentamente en movimiento hacia la avenida Las Delicias para tomar el camino de Santiago, escoltada por el Regimiento de Cazadores a Caballo. Ese mismo día llegó a Casablanca a las 22,00 horas, su cuerpo quedó en la Iglesia y al día siguiente fue escoltado por todo el pueblo y una Compañía de Infantería lo trasladó hasta la cuesta Zapata.
Finalmente el día 26 llegó a la Iglesia del Asilo del Salvador en Yungay, pasando por la Alameda y calle Bandera hasta la Iglesia de la Compañía de Jesús en Santiago, cuyo incendio el 8 de diciembre de 1863 dio origen doce días más tarde a la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago. El féretro fue llevado al día siguiente a la Catedral Metropolitana. Finalmente, luego de una misa oficiada por el obispo de Ancud lo trasladaron al Cementerio General escoltado por los Cuerpos Cívicos de línea, de Caballería y de la Policía Municipal.

Al volver Pedro León Gallo del destierro, en 1866 fue proclamado candidato a la Presidencia de la República. Entre los dirigentes de su campaña en Valparaíso vemos figurar nuevamente a Manuel Antonio del Río y algunos otros Tercerinos, entre los cuales estaba Alfredo Cox, quién fue designado secretario de la asamblea en que se hizo la proclamación. Presidente de dicha asamblea era Isidoro Errázuriz.

Valparaíso 1851 (hrm-cca)

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martes 15 de septiembre de 2009

Bomberos de Valparaíso invitados por el Presidente de la República don José Joaquín Pérez Mascayano a la Parada Militar de 1863

La invitación hecha por S.E. el Presidente de la República (1861-1871), José Joaquín Pérez Mascayano al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, a participar en celebración de las Fiestas Patrias de 1863 en Santiago, capital de la República, es uno de los hitos más importantes en sus 158 años de vida institucional. Ello reiteraba, el cariño y confianza para con los bomberos, hecho manifestado por el propio Presidente Pérez Mascayano al visitar Valparaíso en febrero de 1862, durante sus vacaciones. En esa oportunidad pasó Revista al Cuerpo de Bomberos, teniendo palabras de elogio y estímulo por la brillante presentación y actuación sobresaliente de las diversas Compañías, especialmente las Compañías de origen extranjeras....
Como lo señalara en agosto de 1863 Benjamín Vicuña Mackenna, Editor del diario “El Mercurio”, a 12 años de la creación del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, su prestigio se había extendido por todas las ciudades de Chile y era calificada al igual que hoy, como una institución modelo, en la que los ciudadanos aprendían elevadas virtudes de civismo, y en la que se cultivaba la unión y la camaradería como principal fuerza espiritual.

Este viaje a Santiago ocurrió el 16 de septiembre de 1863, casi tres meses antes del gran incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús (08.12.1863) donde murieron trágicamente dos mil personas, lo cual originó 12 días después, la creación del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Recibida la invitación, el Directorio General acordó autorizar para viajar a Santiago y representar a la Institución a las Compañías de Bombas Nº 3 “Cousiño” (hoy 3ª Cía. “Cousiño y Agustín Edwards”), Nº 6 “Colón” (hoy 6ª Cía. “Cristóforo Colombo), y la Cía. de Ganchos Hachas y Escaleras Nº1 “Zapadores Unión” (disuelta el 8.3.1867).
Sobre la invitación, “El Mercurio” publicó una carta de vecinos que estaban en desacuerdo por enviar las Compañías 3ª y 6ª, pues dejaban desamparado el barrio El Almendral, considerando que las Compañías del Puerto tardaban de media a tres cuartos de hora en llegar, solicitando por la seguridad de ese importante sector, enviar a la 1ª, 2ª o 4ª del Puerto.

El Mercurio del 14 de septiembre informa que el famoso perro “Cuatro Remos” perteneciente a la 3ª Cía. de Hachas Ganchos y Escaleras de Valparaíso está considerado en la delegación y va a estrenar un nuevo collar para ir a Santiago. Y agrega que las tres Compañías que integran la delegación bomberil porteña viajarán a la capital, al mando del Vice-Comandante don Manuel Riofrío Papa (3ª Cía.).
Conocida la noticia de la invitación del Presidente a los bomberos, la prensa de Santiago señalaba en sus páginas editoriales: “¿A quien recibirá Santiago con más efusión, que a los que cien veces han salvado a su hermana Valparaíso?
Venid, soldados de la paz, que nunca os habéis dejado vencer, ni por la llama del incendio, ni por el humo de estrechas preocupaciones.
Traednos en vuestras mangueras algunas gotas de esa agua vivificadora del gran océano que acabe de lavar de nuestros rostros los últimos vestigios del sueño del error. Todavía nos quedan algunos escombros del pasado, venid a llevároslos. Vuestro viaje no es una visita: es una victoria más, y ninguna más bella, más digna de vosotros jóvenes voluntarios del trabajo, fundadores de la Asociación, práctica y fraternal, que la que os aguarda entre nosotros bajo los arcos y los pabellones que adornen vuestro tránsito, cuando en fantástica hueste invadáis nuestras calles al toque de los clarines, reflejando en vuestros bruñidos cascos el sol de Chile, en el día de sus grandes regocijos”


El miércoles 9 de septiembre de 1863, el diario “El Mercurio” publicó el programa de celebración de Fiestas Patrias en Santiago entre el 14 y el 19 de Septiembre:

Día 14 de septiembre: Bendición del Ferrocarril Central, por el Arzobispo y los dos Obispos residentes en Santiago. Preside el Presidente de la República, don José Joaquín Pérez Mascayano, los Ministros del despacho y cien personas, las más distinguidas de la capital.
A la misma hora saldría de Valparaíso en otro tren el señor Intendente de la Provincia y Comandante General de Marina, el General José Santiago Aldunate y Toro más 40 ciudadanos notables, encontrándose en Llay-Llay donde habría un banquete.
Día 15 de septiembre: Entrega de premios de la Escuela de Teatro Municipal, y el mismo día se abriría al servicio público el Ferrocarril terminado el día 2 de Julio por don Enrique Meiggs y el ingeniero jefe de la obra don Guillermo Lloyd.
El 16 de septiembre: Traslado desde Valparaíso a las Compañía Chilena e Italiana de bomberos y la de Hachas, Ganchos y Escaleras.
El 17 de septiembre: Ejercicio General de Bomberos en la Alameda de las Delicias.
El 18 de septiembre: Día de la Parada en la Plaza de Armas. Los bomberos acompañarán al Presidente de la República hasta la Catedral donde se realizará el solemne Tedeum. Pontificará el señor Arzobispo y enseguida S.E. se retirará al Palacio de la Moneda, en donde tendrá lugar una mesa de onces con que se obsequiará a los huéspedes de Valparaíso.
El 19 de septiembre: Gran Parada Militar en el Campo de Martes (ex-Parque Cousiño, hoy Parque O’Higgins), con la presencia de las tropas de línea, Guardia Nacional de Infantería, Caballería, y las Compañías de Bomberos y la de Hachas, Ganchos y Escaleras de Valparaíso. Además se programó fuegos artificiales en dos noches, en cuatro puntos a la vez; la Cañada arriba, la Artillería, Yungay y la plazoleta de la Recoleta.

El jueves 10 de septiembre de 1863, El Mercurio de Valparaíso informa que el Ministro del Interior Manuel Antonio Tocornal y Grez, con fecha 7 del actual comunicó al Intendente de Valparaíso don José Santiago Aldunate y Toro; que en atención a la aceptación por parte de bomberos de la invitación del Presidente para viajar a la Capital a fin de contribuir a solemnizar la inauguración del ferrocarril entre Valparaíso y Santiago y celebrar las Fiestas Patrias, ha dispuesto para que el día 16 de septiembre se encuentre a su disposición en la Estación de Valparaíso un tren con los carros que sean precisos para la conducción de Compañías y sus utensilios.

La Crónica Nacional” del diario El Mercurio agrega que el miércoles 16 a las doce del día serán recibidos en la estación del ferrocarril con todo su material compuesto de dos bombas a palanca y un carro porta-escalas por el Presidente de la República. Se encontrarán también a esa hora en la estación las bandas del Regimiento de Artillería y la de Gendarmería, las que acompañarán a los bomberos hasta el lugar de alojamiento. Por su parte, la banda del Regimiento de Cazadores a caballo esperará la entrada del Cuerpo de Bomberos, situándose en el óvalo de San Martín.
El jueves 17 a las tres y media de la tarde, los bomberos harán un Ejercicio General en el Paseo de las Delicias (hoy Alameda del Libertador Bernardo O’Higgins) en el trayecto comprendido entre la calle de Ahumada y la de Teatinos. Las bandas del Batallón 2º de Línea y de la Guardia Municipal concurrirán a las tres de la tarde al lugar de alojamiento de los bomberos para acompañarlos marchando hasta el Paseo de las Delicias, donde tocarán alternadamente durante el desarrollo del ejercicio general.

Finalmente llegó el miércoles 16 de septiembre; a las 06,30 horas las Compañías designadas se trasladaron a la Estación del Barón junto a todo su material rodante; cada grupo se ubicó al mando de sus respectivos Capitanes y oficiales. La comisión fue tomada por las tres Compañías como una alta distinción, especialmente la “Sexta” ya que existían otras Compañías extranjeras de gran prestigio y más antiguas que ella; sin embargo, su delegación al mando de su Capitán Pietro Billa, correctamente uniformada y con un nuevo casco italiano conocido como “Capelli alla Bersagliera” (foto inicio artículo), cumpliría dignamente con la representación encomendada.
Luego de embarcarse en el tren arrastrado por la locomotora a vapor conocida como “El Contratista”, a las 07,00 horas de la mañana se dio inicio al largo viaje hacia la capital de la República; partía así una visita histórica para el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso.

La Estación del Ferrocarril Central y a lo largo de la Alameda de las Delicias, está llena de gente que espera la delegación bomberil con solemne ansiedad. La llegada estaba anunciada para el mediodía. No menos de quinientos coches particulares y del servicio público tirados por caballos cruzaban sin cesar la Cañada trayendo y llevando gente a la estación; tal era el gentío, que un hombre de pueblo fue aplastado por uno de los carros en plena Alameda. Un tren especial llevó hasta la Estación San Diego a los curiosos que preferían ver el espectáculo desde el desembarcadero. Sin embargo el convoy sufrió algunos retrasos, lo que le obligó llegar a su destino después de las 4 ½ de la tarde. Para evitar la espera en los lugares señalados, la autoridad ordenó al Comandante del Regimiento de Artillería el disparo de un cañonazo, para avisar la llegada de los bomberos porteños a la Capital. En la estación fueron recibidos por mucho público y el Intendente de la Provincia, Francisco Bascuñán Guerrero, en representación del Presidente de la República.
La delegación marchó al lugar de alojamiento junto a la banda del Regimiento de Artillería. El paso de los bomberos, que vestían sus llamativos e impecables uniformes de colores según su compañía, relucientes bronces y botas brillantes, era saludado con aplausos y vítores y otras demostraciones de simpatía, al igual que la Bomba a Palanca de la 6ª Cía. “Colón” y el Carro Porta-escalas de la 1ª Cía. de Ganchos Hachas y Escaleras “Zapadores Unión”. La Bomba de la 3ª Cía. “Cousiño” sufrió la quebradura de una de sus ruedas. Al día siguiente fue reparada y pudo participar en el Ejercicio General programado.
El diario “El Mercurio” señalaba:
“Bomberos Porteños.- La Alameda ha sido favorecida por el mundo elegante y por los huéspedes de todas las Provincias que no se cansan de pasear. La variedad de tipos provinciales, santiaguinos, militares y extranjeros de las diversas nacionalidades, daban hoy a nuestro paseo los aires de una soberbia Babel, y la animación y contento de los paseantes han contribuido a retardar la dispersión de tan bella reunión. Hasta las gotas que nos ha enviado un cielo encapotado, han sido para todos como un toque de retirada. Esta garúa no sería un fuerte motivo para la general dispersión, sin el fundado temor de que sea talvez mensajera de un malhadado aguacero.
El inmenso y distinguido concurso que llenaba literalmente la Estación Central de las dos líneas férreas, al llegar el tren de Valparaíso poco después de las 3 ½ de la tarde, prorrumpió en el más entusiasta y atronador viva a los señores bomberos que llegaban.
El día 17, las bandas del Batallón 2º de Línea y de la Guardia Municipal, concurrieron a las 3 de la tarde al lugar de alojamiento de los bomberos para acompañarlos marchando hasta el Paseo de las Delicias entre las calles Ahumada y Teatinos, donde se realizó el ejercicio combinado entre las tres Compañías;
Antes de dar inicio al ejercicio general combinado, las Compañías rindieron un homenaje muy singular, pero no menos respetuoso al general don Ramón Freire, el que se vio reflejado en su estatua ubicada en la Alameda de las Delicias; de ello informa la crónica del diario “La Patria” señalando:
“Homenaje a un Héroe”.-
Bello rasgo de los bomberos durante su permanencia en la Capital, fue el que presenció en la Alameda Santiago entero, el 17 de septiembre”. Apenas llegadas al lugar del ejercicio, las Cías. Se situaron enfrente de la estatua del general Ramón Freire, y después de saludar con un triple y entusiasta ¡Hurra! al heroico soldado de la patria, dirigieron los chorros de las dos mangueras hacia la estatua hasta dejarla limpia de polvo que la cubría.
Una vez concluído el homenaje al general Ramón Freire, a las 3 ½ de la tarde bajo las órdenes del Vice-Comandante don Manuel Riofrío (3ª Cía.) se inició el ejercicio general combinado, en homenaje al mes de la patria y en presencia del Presidente de la República José Joaquín Pérez Mascayano.
Al inicio armaron las compañías 3ª y 6ª sus “chorizos” en la acequia que corría a lo largo de la Alameda, lo que les permitió elevar hermosos y potentes chorros de agua, conjuntamente con la Cía. de Hachas Ganchos y Escaleras que armaba sus escaleras por donde ágilmente trepaban sus bomberos; pero fue tal el entusiasmo que la presencia de los bomberos porteños provocó en los santiaguinos, que hubo momentos en que materialmente no se pudo trabajar por la aglomeración de gente. Grandes y prolongados aplausos coronaron dos horas y media más tarde, el término del ejercicio, el primero que se efectuó en Santiago.
Sobre el ejercicio y la presencia de los bomberos, “El Mercurio” señalaba: “Fiesta del Aniversario de la Patria.- Centuplicada la población con los innumerables emigrantes de las Provincias, la Capital en los días del presente Aniversario ha rebosado de vida y animación. La superabundancia de vida ha hecho subir al último grado su termómetro social, cualquiera habría desconocido en estos días a la apática Santiago en ese aire de dicha y alegría que se respira por donde quiera. Todos han visto desaparecer con satisfacción como por encanto las diferencias que pueblo a pueblo, confundiéndose todos en un sólo pueblo reunido para fortalecer más y más a Chile y a la libertad: el santiaguino ha paseado con el provinciano, el oficial cívico del brazo con el bombero porteño, como unos eternos amigos.
No recuerda Santiago un gentío más inmenso y lucido que el de la Alameda el día 17, completamente llena en el espacio de 10 cuadras, desde la estatua de San Martín hasta la Iglesia de San Francisco. Todo el público se volvió ojos para ver y admirar cuando las bombas elevaron sus chorros de agua a una altura nunca vista en esta ciudad. Luego, la pirámide de escalas ejecutada con destreza por la respectiva compañía en presencia de aquel océano de personas y del Presidente y sus Ministros y demás autoridades, fue un agradable espectáculo y una pequeña muestra de los grandiosos ejercicios de agilidad, destreza y vigor que hacen periódicamente en Valparaíso todas las compañías reunidas. La apiñada multitud embarazó mucho la expedición de los bomberos, la agilidad de sus movimientos y de sus maniobras encontró poderosos obstáculos en la compacta multitud. En lugar de colocarse en la cúspide de la pirámide 4 o 6 pistones que habrían formado un lindo juego de agua, solo se alzó una manguera y desde aquella altura arrojó la bomba torrentes de agua que, a la vista de un cielo encapotado, parecía que subían a desafiar a los negros nubarrones en su celeste morada, fue aquel un cuadro imponente y pintoresco que el pueblo presenció con sumo interés y aplaudió repetidas veces con entusiasmo. Las bombas ostentaron igualmente su admirable alcance bañando con sus raudales de agua las torres de San Diego y San Francisco y los techos de algunas casas.
La circunstancia de ser los techos de las casas de la Alameda de teja y no de azotea, privó también al público de las bellas maniobras que la Compañía de Hachas y Escaleras hubiera ejecutado.
No obstante, lo poco que ha visto la Capital le ha dado una idea de la destreza y admirable disciplina de los voluntarios bomberos y de su terrible pujanza contra el fuego, su enemigo mortal. La soltura y gallardía de estos intrépidos defensores de los intereses de Valparaíso y por consiguiente, de la República, llamaron muy especialmente la atención general. ¡Cuantos rosados labios exhalaron esa tarde ayes de compasión al ver completamente empapados a varios bomberos que subían a la pirámide, y como habrán reído de placer aquellos aguerridos combatientes de Valparaíso, al oír esas exclamaciones de compasión de la regalona Capital, tan miedosa de los constipados!
Ya que hablamos de los bomberos, digamos en honor de la verdad que su desprendimiento, franqueza y cortesía han sido dignas de elogio y de las atenciones que han recibido de la sociedad santiaguina, que no separará jamás de su corazón los gratos días de su presencia en esta Capital.
Un ratero audaz cortó ese día el bolsillo con dinero a una señora y echó a correr abriéndose camino con un puñal en mano. A los que intentaron aprehenderlo, les repartió algunas puñaladas. Así corrió entre la apretada multitud un largo trecho hasta que fue atrapado por un policía.
Cerca de la estatua de Freire se reventó una manguera, bañando completamente y derribando con sus poderosos torrentes de agua a más de 40 personas que no hallaron por donde escapar y se vieron de repente hechos sopas. Una señora como de sesenta años se imaginó en un momento de terror que el diluvio se le venía encima, y postrándose de hinojos junto a una pequeña acequia contigua a los álamos, empezó a golpearse el pecho con gran furor, exclamando entre sollozos ¡Misericordia señor, misericordia! Este cuadro hizo casi reventar también de la risa a los espectadores sobre todo al ver por otro lado a unas damas muy ataviadas a quienes el agua las inundó de tal modo, pegándoles la ropa al cuerpo, cual si fuese con cola, que parecían avecitas cazadas en las jaulas de acero de las crinolinas. Estas lloraban sin consuelo y, a intervalos aportaban la imaginación del terrible aprieto en que se hallaban, para reír y hacer coro a las carcajadas de los circunstantes.

En la noche del mismo día 17, casi todos los bomberos porteños y un unos seiscientos santiaguinos y provincianos invadieron el casino de la filarmónica. Empezaron allí las libaciones, los ruidosos diálogos, las estrepitosas quebrazones de cristales y las protestas de amistad. Uno fue tan afectuoso que dio a un bombero el abrazo más cordial de que se tenga noticia. Y como sería, que de resultas de ese abrazo se le desapareció al bombero su reloj como por encanto, sin que hasta la fecha lo haya recibido del abrazante ratero.

El viernes 18 se realizó el solemne Te Deum en la Catedral de Santiago; en la ocasión, el Presbítero don Mariano Casanova uno de los más distinguidos predicadores que ha tenido la iglesia chilena, pronunció un brillante y elocuente sermón, el cual versó sobre las tres condiciones constitutivas de una república democrática, la libertad, la igualdad y la fraternidad, apoyada en el espíritu cristiano. Luego de terminada la ceremonia, el Presidente de la República José Joaquín Pérez Mascayano, acompañado de sus Ministros, el Intendente de la Provincia Francisco Bascuñán Guerrero y las autoridades, se dirigieron al Palacio de la Moneda, en donde como señalara la prensa “....bajo sus expensas y no a las del erario nacional como comentaban algunos...” había dispuesto una espléndida “Mesa de Once” en honor a los Bomberos del Puerto.

El banquete fue soberbio por la abundancia y la delicadeza de todo lo ofrecido para degustar, lo mejor del arte gastronómico de aquella época; como también por la cordialidad, la alegre camaradería y el patriotismo de cada uno de los invitados al palacio. El brindis oficial estuvo a cargo del Presidente Pérez Mascayano y fue por los bomberos de Valparaíso y por la perpetuidad de la República de Chile. El Ministro del Interior Manuel Antonio Tocornal y Grez, brindó por los militares y las gloriosas gestas del Ejército. Roberto Souper brindó por la mujer chilena, representada por la esposa del Presidente de la República. El Ministro de Hacienda Pública Domingo Santa María González en su intervención, elogió la disciplina y marcialidad del Batallón Nº2 de Línea y homenajeó a uno de los más ínclitos y bravos guerreros de América: el General Juan Gregorio de Las Heras. El Coronel Villagrán brindó por Manuel Tomás Tocornal quien había sido el organizador del Batallón 2º de Línea, en otros tiempos el Batallón Yungay. Finalmente la esposa del Presidente de la República habló para agradecer el homenaje a la mujer chilena y brindó por los Ministros de su esposo.
Esa noche, una vez terminadas las atenciones en el Palacio de la Moneda, un grupo de oficiales de los Batallones Cívicos Nº1 y Nº3 pasaron al lugar de alojamiento de los bomberos e invitaron a sus oficiales a salir con ellos a la Alameda de las Delicias a pasear y a compartir con las damas de la sociedad santiaguina, encantadas con la presencia de tan ilustres visitas porteñas.
A la misma hora, los oficiales jefes de la Guardia Nacional y de los bomberos, fueron invitados por el presidente a su residencia particular para dirigirse luego al Teatro Municipal a presenciar la función de gala en honor del Primer Mandatario; mientras se encontraban en el salón apareció la señorita Jesús Pérez, bellísima hija del Presidente, quien al ver a los bomberos y al magnífico estandarte de la Compañía Chilena de Bombas Nº3 “Cousiño”, del cual ella era su Madrina, se acercó a la hermosa pieza de paño granate con un número tres bordado con hilo de oro y animada de un profundo sentimiento de patriotismo y galantería, la llevó a sus labios besando respetuosamente esa bandera que tantas veces llevó a la victoria contra el fuego a los intrépidos y abnegados bomberos “Tercerinos” de Valparaíso.
Sobre este episodio el Secretario de la 3ª Compañía de aquella época, don Anastasio Bello en la Memoria correspondiente al año 1863 señala textualmente: “...nuestro estandarte fue premiado en esos momentos por su dignísima madrina la Srta. Jesús Pérez, sellando en él con sus delicadísimos labios un ósculo de candor y pureza, que fue celebrado por la concurrencia con entusiastas hurras...”
Cabe señalar que el estandarte de la 3ª Cía. fue recibido el 13 de junio de 1863 siendo su padrino el Intendente de la Provincia y Comandante General de Marina, General José Santiago Aldunate y Toro, y madrina la ya mencionada Señorita Jesús Pérez, y su primer abanderado el bombero Manuel Antonio Velásquez.
Al día siguiente, el sábado 19 con la asistencia del Presidente don José Joaquín Pérez Mascayano, sus Ministros, el Cuerpo Diplomático, el Intendente de la Provincia don Francisco Bascuñán Guerrero, autoridades civiles, eclesiásticas y militares, se realizó en el Campo de Marte, la gran parada militar en homenaje a las Glorias del Ejército. En ella tomaron parte las tropas de línea, Guardia Nacional de Infantería y Caballería, especialmente invitadas las Compañías de Bomberos de Valparaíso “Cousiño” Nº3, “Colón” Nº6 y la 1ª Cía. de Hachas, Ganchos y Escaleras “Zapadores Unión”.
Sobre la presentación de la “Sexta” Luis Noziglia B. en su libro “La Sexta Compañía de Bomberos de Valparaíso” señala: “La comisión sirvió como acicate para todos los italianos de Chile en su campaña destinada a que este país reconociera el reino de Italia, bajo el cetro del soberano Víctor Manuel II, que se había constituido oficialmente el 14 de marzo de 1861.
Como el Gobierno de Chile no había reconocido diplomáticamente ese Reino, la 6ª no podía desfilar en parada con su hermosa bandera italiana desplegada al viento. Decidió pues, en señal tácita de protesta, hacerlo con el tricolor enfundado en vaina de cuero.
Parece ser que la maniobra habría surtido efecto, puesto que cuatro meses más tarde, el 20 de enero de 1864 se produjo el reconocimiento esperado mediante un cordial intercambio de cartas diplomáticas de los respectivos gobernantes. Por su parte el ingeniero agrónomo Luis Sada, fundador de la Quinta Normal de Agricultura de Santiago, que luego fuera Cónsul General de Italia, hizo llegar a la 6ª sus calurosas y patrióticas felicitaciones por su comportamiento, que fue admirado por la ciudadanía chilena”.
Como culminación de las actividades, la noche del 18 al igual que la del día 19, hubo fuegos artificiales en cuatro puntos a la vez; en la Cañada arriba, frente al cuartel de la Artillería, en la Plaza de Yungay y la Plazoleta de la Recoleta Franciscana. Y para realzar el espectáculo pirotécnico en cada una de las noches, hicieron explosión en el Cerro Santa Lucía seis volcanes de pólvora.

El regreso de los bomberos a Valparaíso fue el domingo 20 a las 10 de la mañana, llegando a la Estación del Barón en Valparaíso a las 7,30 de la tarde. El diario “El Ferrocarril”, del 22 señaló: “Despedida a Bomberos Porteños.- Han emprendido su marcha de regreso a Valparaíso estos simpáticos y galantes huéspedes. Les acompañaron a la Estación del Ferrocarril Central, el señor Intendente de la Provincia Francisco Bascuñan Guerrero y algunos jefes del Ejército, los de la Guardia Municipal, varios oficiales, tres bandas de música y numeroso pueblo. Feliz viaje. Allá los acompañarán las simpatías que supieron conquistarse en Santiago y el recuerdo de su alegre mansión entre nosotros.
El Comandante Manuel Riofrío visitó a nombre de los bomberos, a la señora Luz Gallo de Cousiño para manifestarle el pésame por el fallecimiento de su esposo y el grato recuerdo que conservaba la 3ª Cía. de su marido don Matías Cousiño. La señora de Cousiño agradeció la visita y el pésame, enviando sus saludos a todos los integrantes de la Compañía.


El famoso perro “Cuatro Remos”, tuvo un extraordinario comportamiento, siendo destacado también por la prensa, la que señaló lo siguiente: “Cuatro Remos.- Perfectamente se portó en Santiago este inteligente animal. El día del Ejercicio de los bomberos trabajó admirablemente, captándose desde luego el aprecio y simpatía de los santiaguinos. Visitó muchas casas, en que fue muy bien recibido y obsequiado. En los Hoteles fue atendido perfectamente. En el cuartel de las bombas pilló a un ladrón que se había apropiado del sombrero de un jornalero (Auxiliar): nadie sino él lo vio y en el acto lo atrapó de una pierna, que no largó hasta que no vio asegurado al pillo. Sin embargo, no pudo evitar que le robasen uno de sus collares, y casi se lo roban a él mismo para llevárselo a Talca; pero los bomberos lo salvaron después de un día de pesquisas y grandes afanes. De Santiago regresó muy triste, pues en todo el camino no quiso comer, sin duda que por venir mareado; pero ya se encuentra alegre, sano y salvo en Valparaíso.

La crónica local del diario “El Mercurio” publica el miércoles 23 de septiembre, copia de la nota enviada por la Compañía de Bombas Nº3 “Cousiño” a las autoridades de Santiago, agradeciendo el recibimiento, hospitalidad y atenciones recibidas durante su estadía en la capital, señalando:
“Sincera Manifestación”.- Los bomberos de la 3ª, dominados aun por ese ardiente entusiasmo que parece haber sido inflamado por la fraternidad que han encontrado en la capital, envían hoy las siguientes palabras de gratitud, de aprecio y aun de amor a los que por su noble y desinteresada acción han sabido arrancarlas también de nobles corazones:
“A las autoridades y a la Sociedad de Santiago, el recuerdo de las horas deliciosas que pasamos entre nuestros amables huéspedes de la capital, es una de esas deudas que duran eternamente: la gratitud por la felicidad recibida jamás se redime. Las autoridades y la Sociedad de Santiago deben creerlo así; se lo rogamos. Hemos sido colmados de agasajos y atenciones, con la caballerosa esplendidez que descuella siempre cuando tiene relación con ese centro del buen tono y del gusto más exquisito por los altos funcionarios y por los particulares, en palacios y en calles, por todos y en todas partes, se nos ha rodeado de manifestaciones afectuosas llevadas hasta la más entusiasta fraternidad. Si el orgullo hubiera de venir a confundirse con las poderosas emociones que aun nos tienen palpitantes, sería el orgullo de poder decir que es el primer pueblo de Chile el que tan alto se alza.
No es una vana palabra de cortesanía enviada a través de la distancia, ni un cumplimiento de etiqueta devuelto a nuestros encantadores huéspedes, lo que estas líneas significan: son un grito del corazón espontáneo, sincero, tiernísimo, un voto de gracia interminable, una promesa infinita.
Y mientras saboreamos la memoria de momentos tan dichosos, buscamos aun con los ojos del alma la huella invisible que estampará nuestra bandera la caricia de la hermosura ¡Bendita sea esa caricia que ha hecho de nuestra insignia de combate un lábaro de la belleza!
¡Bendito sea ese pueblo que es tan digno y tan grande y tan noble!

(fdo.)
Los bomberos de la 3ª Compañía.

Deseamos que nuestras palabras de gratitud lleguen a todos, porque todos nos han atendido según sus fuerzas. Por eso rogamos a los editores de los diarios de Santiago y Valparaíso que reproduzcan estas líneas.

Sobre el viaje se tienen también los comentarios de don Anastasio Bello, Secretario de la Compañía de Bombas Nº3 “Cousiño”, quien señaló: “...De los momentos felices que pasamos en esos días, como del recibimiento y atenciones que nos hicieron las autoridades y pueblo de Santiago, guardamos grabado en nuestros corazones un recuerdo eterno de gratitud, que ojalá llegara el día de darlo a conocer, mui particularmente al señor Intendente don Francisco Bascuñan Guerrero (más tarde fundador de la 3ª Cía. de Santiago), que desde el momento de nuestra llegada hasta el día de nuestro regreso, dispensó a todos los bomberos las mayores atenciones. No dejaré de mencionar que el 18 en la noche, parte de nuestra Compañía y oficialidad de la Guardia Nacional, hallándonos en el salón de la casa particular de S.E. el Presidente Pérez Mascayano, para acompañarlo al Teatro, nuestro Estandarte fue premiado en esos momentos por su dignísima madrina la Srta. Jesús Pérez, sellando en él con sus delicadísimos labios un ósculo de candor y pureza, que fue celebrado por la concurrencia con entusiastas y prolongados hurras. En este memorable viaje la única desgracia de gravedad que experimentamos fue la casual quebradura de una rueda de la Bomba, en un cambio de rieles en la estación del Ferrocarril en Santiago. Desgracia que nos privó de hacer la entrada en unión de las otras Compañías. Al día siguiente fue compuesta la rueda y la Bomba quedó en buen estado de servicio, como lo ha probado en las alarmas e incendios. La Compañía para tener mayor seguridad, hizo reemplazar dicha rueda por otra nueva.”

También el diario “La Patria” en su sección crónica local informa el viernes 25 de septiembre, que la 6ª Cía. Italiana “Colón” ha publicado en el “Corriere d’Italia” una manifestación idéntica de la 3ª Compañía Chilena “Cousiño”, donde agradece las atenciones de que fueron objeto durante toda su permanencia en la capital.
Reproduce si, una carta del ingeniero agrónomo don Luigi Sada, enviada al Capitán de la 6ª Compañía de Bomberos Italianos de Valparaíso don Pietro Billa, donde señala:

Señor
El improviso y subitáneo regreso de la Compañía que Ud. dirige hizo perder a los italianos residentes en Santiago la oportunidad de reunirse con los de Valparaíso, asistir al almuerzo que ellos les ofrecerían y que Ud. gentilmente había aceptado, también a nombre de los otros bomberos que yo no podía invitar personalmente.
Elegida la Compañía de los Bomberos Italianos para acompañar a la Chilena a presentar a la población de la capital y al Gobierno las expresiones de leal estima y de simpatía que el Cuerpo colectivo de los bomberos de Valparaíso les enviaba al día del aniversario de la Independencia de Chile, señor Capitán, interpretando también el sentimiento del mayor número de los italianos, agradecer al Cuerpo de Bomberos que siguiendo sólo los dictámenes de su corazón el aceptar el hacer parte de esta honorable misión han dado una vez más a conocer en un acto público que en el corazón de los italianos reina sincero afecto por Chile y que nunca podría venir a menos.
A la vez que la espléndida acogida que se les hizo en Santiago no deja duda de la estimación con que se aceptaron y se intercambiaron iguales sentimientos al Cuerpo al que pertenecen, nosotros italianos y que no son escasos en miles de otras ocasiones de todos los italianos residentes en el país, como es general la simpatía de Chile por Italia.
Si por una parte todo corazón italiano se conmueve de gratitud cuando los hombres ilustres nos manifiestan adhesión por el estado político de nuestra patria y por lo que esperan en el futuro, sin embargo es sensible que hasta ahora el gobierno de Chile no haya comprendido el espíritu chileno y el ejemplo de todas las principales naciones de Europa y América, haya omitido de reconocer oficialmente el actual estado político de Italia unida y libre.
Fue por esto que Ud., señor Capitán, secundando las aspiraciones de nuestros connacionales y la propia, no creyó oportuno que el estandarte italiano figurase entre los otros en el acompañamiento oficial y especialmente en el teatro, que iba al Presidente de la República. Conservar ilesa la dignidad patria es un deber natural y espontáneo de todos los corazones que tienen la conciencia de su nacionalidad.
Quien conoce a los hombres ilustres del país no puede darse la razón de los motivos que hasta ahora han hecho postergar al Gobierno el reconocimiento de Italia. No dudamos que aquello, sin embargo, que los hombres ilustres que componen el gobierno chileno, juzgando sin pasión y los deseos unánimes de todos los chilenos e italianos, sabrán en breve consolidar las relaciones oficiales con nuestra querida patria.
Si en esta ocasión los bomberos italianos de Valparaíso, por cumplir los deberes de la corporación a la cual pertenecen, no pudieron unirse a sus connacionales de Santiago para confirmar con votos fervorosos y las expresiones del ánimo fraterno, la felicidad y la esperanza de nuestra querida patria, no dudo, señor Capitán, que en cualquier otra y siempre, también en este continente, se mantendrá vivo el sentimiento que los italianos deben ser eternamente unidos y libres de su espontánea libertad; lo que esperamos sabrán en todas las ocasiones y en todos los países del mundo mantener, porque corresponde a la dignidad de nuestra nación.
Reciba señor Capitán, y participe a nuestros connacionales de Valparaíso las expresiones de la sincera consideración de su compatriota.
Ing. Luigi Sada
20 de Septiembre de 1863

Resulta interesante conocer las noticias posteriores a la visita de los bomberos porteños a Santiago, como lo publicado por el diario “La Patria” del 12 de octubre de 1863, que publica esta información:

“Los Bomberos en Santiago”.- Con este título ha compuesto la señorita Jesús R. Martínez, una polka que ha dedicado a la señora Dolores Ramos de Knundsen; y según nos ha informado una persona competente en la música, la primera composición de la señorita Martínez es muy acreedora a la aceptación del público”.

Valparaíso 1851 (hrm-cca)

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viernes 14 de agosto de 2009

Carlos L. Rowsell, Fundador del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso 1851, Cuerpo de Bomberos de Concepción 1888 y Director Honorario C.B.Santiago 1901

Don Carlos Luis Rowsell fue uno de los primeros en firmar los registros de la Primera Compañía “Bomba Americana” de la antigua Asociación contra Incendios de Valparaíso, al fundarse esta el 30 de Junio de 1851. Prestó a la Institución y particularmente a su Unidad 53 años de valiosos servicios. Muy pronto se descubrió en él al amigo leal y sincero, al compañero entusiasta en el cumplimiento del deber, respetuoso de sus oficiales, del Reglamento, y de las leyes no escritas que norman a todos los bomberos de la República.
Esto lo hizo acreedor a diversos cargos en la oficialidad de su Compañía, y más tarde a la designación, durante 1880, 1881, 1882, 1883 y 1884, de Tesorero General del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, puesto que desempeñó en forma brillante y con el total beneplácito de sus congéneres....

Hombre multifacético, en 1868 formó en Valparaíso la sociedad fotográfica conocida como “Rowsell & Courret”, para tomar retratos fotográficos a la sociedad porteña. Esta sociedad tuvo una duración de tres años. En Lima también con los hermanos Eugenio y Aquiles Courret, nacidos en Francia, desarrollaron dicha actividad, bajo el escudo de armas de Francia, luego cambiado por el peruano. En 1869 El estudio gana la medalla de oro en la Exposición Industrial de Lima por sus trabajos fotográficos y en 1872 gana nuevamente la medalla de oro además la de plata en la Exposición Industrial de Lima.

Poco antes del año 1888 el señor Rowsell se radica en Concepción llevando a esa región algunas representaciones, entre las cuales destaca de la Casa Merrywearther & Sons, fabricantes ingleses de bombas a vapor. Precisamente encarga la primera bomba a vapor para el naciente Cuerpo de Bomberos de Concepción.
Arraigado en la ciudad penquista por sus actividades comerciales, se interiorizó de la vida Bomberil de la Primera Compañía “Bomba Penquista” (13.4.1883) y de la Segunda Compañía “Zapadores” (26.9.1886), que dirigían los Señores Jorge Blackburn, y Julián Hermann respectivamente, ambos antiguos servidores del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso y a quienes señaló más de una vez la necesidad de crear una Tercera Compañía (29.1.1888) hoy “Sapeurs Pompiers”, entusiasmando a su amigo Guillermo Paschen Wernick, que había sido activo Bombero de la 8ª Cía. “La Unión es Fuerza” de Santiago, para crear una Compañía “Salvadora y Guardia de Propiedad”.
Carlos L. Rowsell, quien tenía un bagaje de conocimientos y sabias experiencias de lo que eran las instituciones de bomberiles, propuso también la idea de que era necesaria otra Compañía de agua, pues una, no era suficiente para atacar un incendio de proporciones.
Lanzó la idea en un grupo de jóvenes de la sociedad penquista, entre los que estaban sus amigos Luis Urrutia Rozas, Fernando López de Heredia, Emilio de la Barra Cuevas, Manuel Desiderio Sanhueza y Bernardino Corral entre otros.

Comenzaba el año 1888, la población de esta ciudad, fundada por Pedro de Valdivia el 5 de octubre de 1550 crecía en número, progresaba el comercio y la industria y la lógica de don Carlos L. Rowsell se hacía obvia. Ante esta situación con el decidido propósito de socorrer a la comunidad y a la ciudad en caso de ser amenazada por el fuego y dando satisfacción a sanos propósitos e ideales, esa juventud recibió los sanos consejos del viejo y benemérito Bombero y comprendieron la necesidad de Organizar una nueva Compañía de Bomberos.

Fruto de todas las ideas de este antiguo bombero porteño de entonces, el cálido día 5 de Abril de 1888 se reunió un grupo de 28 jóvenes de la colonial ciudad Penquistas, con el objetivo visionario de fundar una Cuarta Compañía de Bomberos, para complementar el servicio de las otras tres existentes. Por esta razón es que figura en la historia de esa Compañía el nombre de este ilustre bombero porteño, don Carlos L. Rowsell, mentor y padre espiritual de la Cuarta Compañía del Cuerpo de Bomberos de Concepción, que hoy lleva el nombre del Ilustre Bombero como eterno homenaje y gratitud por su gestión.
La reunión a finales del siglo XIX debe haber sido, sin duda, llena de proyectos e ilusiones. Ya que era la juventud la que se proyectaba al futuro y entregar a la comunidad ese auxilio tan esperado. Era la explosión generosa de un grupo que, organizándose, entregaría su esfuerzo y haría sacrificios, incluso la vida, todo por un ideal de Servicio Público.
De inmediato se pensó en la fundación del Cuerpo de Bomberos de Concepción, cuyo Directorio General daría la estabilidad necesaria a la labor Bomberil penquista y debería preocuparse de obtener del Gobierno el reconocimiento Oficial y su Personalidad Jurídica. Por su gran experiencia bomberil Carlos L. Rowsell se incorpora de inmediato a las actividades bomberiles de la ciudad, contribuyendo a unificar a las Compañías existentes y gestionando la creación del Cuerpo de Bomberos de Concepción, siendo nombrado su primer Superintendente, realizando de inmediato los trámites para encargar a Inglaterra su primera bomba a vapor. En la oportunidad se nombró también Comandante a don Oscar Spoerer, de la 1ª Cía.

En la Sesión de Constitución del primer Directorio General el señor Carlos L. Rowsell hizo uso de la palabra y en su intervención dijo: “Estimo este honor como señal de fraternidad para con el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, en el que he pasado mi niñez de aprendizaje. Que nuestros esfuerzos protegidos por el Supremo Gobierno y la autoridad local, y la cooperación de los vecinos, darán en muy poco tiempo el resultado de poner a esta Institución en aptitud de prestar los eficaces servicios requeridos por la creciente importancia de esta ciudad y su comercio. Contamos ya con cuatro Compañías, pero la Primera y la Segunda necesitan aumento y mejoramiento de su material, la Tercera hasta ahora carece de casi todo lo necesario para desempeñar con éxito sus importantes tareas, y la Cuarta está desnuda todavía; no tiene material ni cuartel. En cuanto a la organización y disciplina de estas Compañías, corresponden a la Comandancia. Mis conocimientos en esta materia quedan a disposición, si en algo pueden servir. Muchas Gracias”.

Gracias a su brillante gestión obtuvo muy rápidamente, el Decreto del Supremo Gobierno que otorgaba su reconocimiento oficial a través del Ministerio de Justicia al otorgarle al Cuerpo de Bomberos de Concepción su Personalidad Jurídica, firmada por el Presidente de la República don José Manuel Balmaceda Fernández y su Ministro del Interior don Julio Bañados Espinoza, el 21 de enero de 1890.
Luego de una fructífera labor como Superintendente y con su salud delicada se retiró a un merecido descanso en la ciudad de Traiguén. El nuevo siglo lo lleva de regreso a su tierra natal y vuelve a Valparaíso a buscar el abrigo de las tiendas de invierno del alma mater de la institución voluntaria del país. En ellas lo encuentra el 30 de Junio de 1901, en que la Institución cumple sus 50 años de existencia. El Directorio del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso acuerda entregar a don Carlos L. Rowsell un Broche de oro correspondiente al noveno premio por 50 años de meritorios servicios a la Institución.

Bajo una copiosa lluvia y enfermo como se encuentra, concurre al Teatro de la Victoria, que se hace estrecho para contener la distinguidísima concurrencia. Se inicia la magna ceremonia con la intervención de don Juan Matías Bostelmann Borchert (2ª Cía.), en representación del Superintendente dado que él era uno de los premiados esa noche en la Institución. Al final de su discurso el señor Bostelmann señaló: “He llegado a la conclusión de mi discurso y, como uno suele hacerlo he dejado lo mejor para el fin. Hoy día tenemos el justo orgullo y la inmensa satisfacción de poder ofrecer un sexto broche a dos miembros de esta Institución. don Carlos L. Rowsell y don Jorge Garland Barley, fundadores del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso. Estos dos veteranos son para nosotros la verdadera encarnación de nuestro lema: “Abnegación y Constancia”.

En seguida se procedió a entregar los premios de constancia a voluntarios y auxiliares. Cada uno de ellos mereció , al ser llamados, cariñosas muestras de aprobación de parte del público, especialmente los Auxiliares de las diversas Compañías que, junto con recibir su medalla de oro por 25 Años de Servicios, cambiaron su cotona de Auxiliar por la de Voluntario. El entusiasmo llegó al máximo cuando fueron llamados los dos fundadores de la Institución aun en servicio para recibir sus preseas, las que fueron recibidas de manos de don Juan Eduardo Taylor Tinley (1ª Cía.), Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso. El público presente brindó una calurosa ovación al señor Rowsell, quien avanzó al escenario apoyado por dos voluntarios, se emocionó tanto al recibir su medalla, que dejó escapar algunas lágrimas que causaron honda impresión en la concurrencia, siendo felicitado personalmente por el Intendente de la Provincia don José María Cabezón y el Primer Alcalde, don José Tomás Ramos y Ramos (hijo de don José Tomás Ramos Font, Superintendente fundador del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso en 1851), quienes aclamaron y aplaudieron de pie a tan distinguidos bomberos.
A continuación el Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Santiago, don Ismael Valdés Vergara (5ª Cía.), anunció a los señores Garland y Rowsell su nombramiento de Miembros Honorarios de su Institución con el siguiente discurso: “Señores Garland y Rowsell, hace medio siglo que vosotros, asociados a otros hombres buenos, sembrasteis en este suelo feraz de Valparaíso la semilla de una planta desconocida, sin otra aspiración que la de disminuir las proporciones de los grandes incendios que con frecuencia asolaban a la población.
La simiente germinó y convirtiese en débil arbusto que fue combativo desde su nacimiento por todos los enemigos de que están rodeadas las empresas humanas. Vosotros estimulados por el deber que os habéis impuesto, luchasteis denodadamente con la fría indiferencia, con la desconsoladora pobreza, y sin dejaros abatir ni por los contratiempos, ni por los desengaños, seguisteis atendiendo la planta en su lento desarrollo. Otros obreros, atraídos por vuestro ejemplo, vinieron a secundaros en la labor, y merced a los esfuerzos perseverantes y a las victorias obtenidas en tantas jornadas, conseguisteis que la planta raquítica en 1851, se convirtiera en el árbol robusto cuyas raíces se extendían más y más en el tiempo. Fecundado después el suelo por la sangra generosa de los mártires del deber, a quienes enseñasteis con vuestra abnegación a hacer el sacrificio de la vida, cuando el honor lo exige, retoñó en todas partes como por encanto, el árbol cuyos benéficos frutos se cosechaban cada día más sazonados y hermosos. En este momento, cincuenta años después del día en que con la audacia de la inexperiencia abristeis el surco para arrojar la semilla de vuestras aspiraciones, venimos de todas las ciudades importantes de la República, los representantes de los numerosísimos Cuerpos de Bomberos, trayéndoos ofrendas de admiración y de gratitud, para que adornéis con ellas las coronas de laureles y las palmas que vuestros compañeros os han dedicado en este glorioso aniversario. Aceptad señores Garland y Rowsell, el título de Miembros Honorarios del Cuerpo de Bomberos de Santiago, como homenaje a vuestros merecimientos.

A continuación usó de la palabra el señor don Jorge Phillips Huneeus, Comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago, para hacer entrega a los señores Garland y Rowsell y de la medalla de oro que les ha concedido la 1ª Compañía de Bomberos de la Capital, junto con el título de Miembros Honorarios de la Compañía. El señor Phillips Huneeus pronunció con este motivo el siguiente discurso:
Señores: “Motivos ajenos a su voluntad han impedido al Director de la Primera Compañía de Bomberos de Santiago don Víctor Ismael Valdés Valdés venir a tomar parte en las fiestas que se celebran en honor del 50º Aniversario del Cuerpo de Bomberos de este puerto, fecha solemne de sus bodas de oro. A él le habría correspondido dar cuenta de la alta distinción que les ha conferido la Compañía, acordándoles una medalla de oro, a esas dos reliquias del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, señores Jorge Garland Barley y Carlos Luis Rowsell, únicos bomberos que quedan de esa generación que concibió y realizó la creación del Cuerpo de Bomberos.
Pero ya que a nuestro Director no le ha sido posible concurrir, el infrascrito, en su carácter de voluntario de dicha Compañía, aceptando la representación que se le ha conferido, tiene el alto honor de colocar sobre los pechos de estos dos titanes, símbolos de la disciplina y constancia del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, estas medallas que atestiguan el cariño profundo y el respeto sin igual que la 1ª Compañía de Bomberos de Santiago tiene por ellos. Que en un abrazo, que les doy a nombre de la 1ª Compañía de bomberos de Santiago, vaya envuelto todo nuestro aprecio y admiración”. He dicho
.

Luego de permanecer por casi un año en Valparaíso, don Carlos L. Rowsell se traslada nuevamente a mediados de 1902 a la ciudad de Traiguén, junto a su familia, y ahí alejado de la actividad comercial y en la tranquilidad de su hogar lo sorprende la muerte rodeado del cariño de su familia el 30 de julio de 1904. Una vez embalsamados sus restos y al momento de ser trasladados a la ciudad de Concepción donde se le rendirían solemnes exequias fúnebres, hizo uso de la palabra su amigo de toda la vida don Guillermo Blackburn, bombero de la 8ª Cía. “Zapadores Franco-Chilenos” de Valparaíso, quien al dirigirse a los presentes expresó: “Como voluntario de la 8ª Compañía de Bomberos de Valparaíso y como el más antiguo compañero en esto, se me ha designado para entregar sus restos mortales a la Comisión de la Cuarta Compañía de Bomberos que de Concepción ha venido con el objeto de llevarlos a esa ciudad en tránsito a Valparaíso. Señor Teniente, cumplo con este doloroso deber. He aquí los restos de nuestro malogrado compañero Carlos Luis Rowsell, Miembro Honorario y fundador del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso. Dentro de él hay ocho medallas de oro por 25 años, con broches por 30 y 35 años; una medalla de oro del Cuerpo por 40 años; una medalla de oro del Cuerpo por 50 años; una medalla de oro del Cuerpo de Bomberos de Santiago por 50 años; un broche de oro del Cuerpo de Bomberos de Santiago por 50 años; una medalla de plata de Compañía por 50 años. Haceos cargo de ambos y como bomberos cumplid con vuestro deber. Rowsell, mi viejo amigo, Adiós.”

Los “Cuartinos” que recibieron los restos de este distinguido bombero de Valparaíso y gran padre espiritual de los bomberos de Concepción eran el Teniente 1º Gaspar Fernández Cruzat; y los voluntarios Felipe Ruiz, Jorge Fernández Santa María, Francisco Anderston y Francisco Rodríguez de la Maza.
El féretro fue llevado en un gallo porta-mangueras de su Compañía vistiendo el uniforme de la Cuarta Compañía. El velatorio se realizó en el Cuartel “Cuartino” el 1º de agosto, donde se levantó una imponente Capilla Ardiente en medio de una muchedumbre que se agrupó desde la Estación de Ferrocarriles hasta el cuartel. La Compañía montó una Guardia de Honor y se le tributan grandes honores, siendo visitado por toda la ciudadanía penquista. Al día siguiente se efectuaron los funerales, rindiéndosele el máximo de los honores que disponía el Reglamento General en su carácter de Ex-Superintendente de la Institución. En el cortejo participan todas las autoridades provinciales, la Banda de Músicos del Regimiento Nº 6 Chacabuco, el Cuerpo de Bomberos de Concepción encabezado por su Directorio General, la Cuarta Compañía de Bomberos de Concepción, que lleva su propio nombre, con su material, la Primera Compañía de Bomberos “Bomba Americana” del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, las Compañías de Bomberos de Talcahuano y Lota, y numerosos y distinguidos funcionarios y caballeros, cerrando esta larga fila la Banda del Regimiento Artillería de Costa de la Marina. Hace uso de la palabra en la Necrópolis el Dr. Fernando López de Heredia, Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Concepción, quien expresó en una parte de su magnífica pieza oratoria: “… Alma grande y generosa, para el bien nacido, de entregó de lleno a practicarlo desde los albores de su juventud hasta su postrer aliento. Sirvió don Carlos L. Rowsell 53 años a su patria adoptiva en los Cuerpos de Bomberos de Chile. !! Más de medio siglo empleado con sacrificio propio en bien de los demás, más de medio siglo obediente al lúgubre tañido de la campana de alarma para ocupar el primer puesto de abnegación en el cumplimiento del sagrado deber !!. Debo cumplir, señores y compañeros, pero antes séame permitido presentaros al filántropo, al abnegado, al integérrimo e intachable Carlos L. Rowsell, como brillante y pulido espejo en que todos y cada uno de nosotros debemos mirarnos, como luminoso faro que nos guíe en el cumplimiento del deber, y si esa existencia de medio siglo tan estrechamente vinculada a los Bomberos de todo Chile, hoy se apaga, sus nítidos fulgores seguirán alumbrando, desde los monumentales Cuarteles de Valparaíso y Santiago hasta los más modestos del último villorrio de esta querida patria, mientras para prez y gloria de ella existan.
Años ha, cuando alejado por sus propios negocios de Valparaíso, lo tuvimos entre nosotros, con un entusiasmo verdaderamente juvenil, con un ardor y entusiasmo inquebrantable, fue el organizador, el alma de nuestro Cuerpo de Bomberos, cabiéndole el alto honor de ser su primer Superintendente”.
Querido Compañero, Primer Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Concepción que la tierra que en breves momentos recibirá tus inanimados despojos, te sea ligera y descansa en paz.

En Junta General de la Cuarta Compañía de Concepción, celebrada el 2 de octubre de 1904, acordó por unanimidad aceptar la indicación del voluntario del voluntario señor Agustín Palma, de colocar el retrato de don Carlos Luis Rowsell en el Salón de Honor de la Compañía, como gratitud y recuerdo de tan ilustre mentor y consejero de la Institución, considerado padre espiritual de la Unidad bomberil y a la vez como ejemplo para las nuevas generaciones de bomberos.

El Secretario General del Cuerpo de Bomberos de Santiago don Germán Munita Merino (2ª Cía. “Esmeralda”, Stgo.), deja testimonio en su Memoria correspondiente al año 1904 señalando: “Durante el año en curso hemos tenido que lamentar la muerte en Traiguén el día 30 de julio del presente año, del Director Honorario de nuestra Institución y Fundador del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, don Carlos L. Rowsell. El Directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago, al cual pertenecía el señor Rowsell, en carácter de Miembro Honorario, en sesión del 3 de agosto, dejó constancia del lamentable fallecimiento de este distinguido servidor, como también que la distancia impidiera a los bomberos de Valparaíso y Santiago rendir al señor Rowsell los últimos homenajes de respeto y de cariño. Con este motivo se dirigió una nota de condolencia al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso expresándole los sentimientos del Directorio por la pérdida de este antiguo y abnegado bombero y haciendo presente que tan pronto se tuvo noticias de la desgracia, se dispuso que todas las Compañías y en el Cuartel General se mantuviesen las banderas a media asta durante una semana, en señal de duelo.-

En noviembre de 1923 la Cuarta Compañía de Concepción embarcaba los restos de este ilustre bombero en el puerto de Talcahuano, cumpliendo así estrictamente el acuerdo existente entre ambas instituciones bomberiles; y se traslada definitivamente al puerto de Valparaíso el féretro con sus restos, donde fueron recibidos por el Cuerpo madre de los bomberos de Chile, para que descansara junto a muchos de los que fueron sus compañeros de sacrificio.
Sus funerales se realizaron al anochecer del día 23 de noviembre y tuvieron gran pompa, a ellos concurrieron todas las Compañías del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso con su material rodante y sus estandartes enlutados, encabezados por el Superintendente don Carlos Van Buren Vallejos (3ª Cía.), y su Directorio General, representantes del mundo social, del Ejército y de la Marina, del Cuerpo de Bomberos de Santiago del cual era Director Honorario. Asistió igualmente, el Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar y numeroso público.
El cortejo partió del Cuartel General, en una de cuyas salas se había levantado desde la llegada de sus restos, una severa capilla ardiente. El féretro iba colocado en un carro bomba American La France 1918 de la Primera Compañía cubierto de hermosas coronas de flores naturales. La marcha ocupó varias cuadras, dando lugar a una sentida manifestación que se exteriorizó en forma elocuente por el brillo con que ésta se realizó.
Al pie de su tumba y antes de inhumarse los restos de don Carlos L. Rowsell, hicieron uso de la palabra el Director de la “Primera”, don Guillermo Rivera Cotapos, que con magníficas palabras, dejó constancia de los preclaros servicios de don Carlos L. Rowsell. A continuación hizo uso de la palabra a nombre del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, el Secretario General, don Luis Rodríguez Moraleda (1ª Cía.), expresando lo siguiente: “Señor Superintendente, compañeros; El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, necesitaba, más bien dicho tenía el deber de hacer una demostración pública y solemne del profundo sentimiento de pesar que experimentó al perder en don Carlos Luis Rowsell a uno de sus más distinguidos y entusiastas servidores, y ha pagado una antigua deuda de gratitud trayendo a descansar para siempre al lado de sus compañeros de labor y sacrificio al viejo servidor muerto lejos; también ha cumplido con un vivo deseo del señor Rowsell, expresado antes de morir, pidiendo que sus restos reposasen en esta ciudad de Valparaíso, lugar de sus actividades juveniles y lugar también donde se desarrollaron sus servicios grandísimos a favor de nuestra Institución. El señor Rowsell formó parte del grupo de hombres generosos y buenos que echaron las bases de la fundación del Cuerpo de Bomberos en el año 1851, incorporándose a la Primera Compañía en cuyas filas desempeñó todos los puestos, de oficial hasta llegar a Director; durante varios años fue Tesorero General y en el año 1886 , en sesión de 3 de agosto, la Dirección del Cuerpo, le otorgó el nombramiento de Miembro Honorario del Directorio, alta distinción y premio a sus grandes servicios; el 30 de junio de 1901, cincuentenario del Cuerpo, recibía su 6º broche de oro por cincuenta años de no interrumpidos servicios.
El señor Rowsell falleció el 30 de julio de 1904 en la ciudad de Traiguén. El Cuerpo de Bomberos de Concepción y sobre todo la Cuarta Compañía que lleva su nombre, si hicieron cargo de sus funerales, trayendo su cadáver a esa ciudad y haciéndole grandes honores; han guardado sus restos con cariño y viva solicitud durante diez y nueve años, y el miércoles último, al trasladarlos a Talcahuano para embarcarlos con destino a ésta, han vuelto a hacer una gran demostración de duelo y le han rendido el máximo de honores viniendo todo el Cuerpo a Talcahuano; uniéndose a este acto el Cuerpo de Bomberos de esta última ciudad.
En nombre del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, aprovecho esta ocasión para hacer a los compañeros de Concepción y Talcahuano, pública demostración de nuestra gratitud y de nuestros agradecimientos. El Cuerpo de Bomberos inclina sus estandartes enlutados ante los restos de su voluntario fundador y en su nombre rindo un profundo homenaje de respeto y de cariño a sus servicios. Voluntario Fundador don Carlos Luis Rowsell, descansa en paz”.
Los restos de tan noble y preclaro bombero descansan en el Cementerio Nº1 del Cerro del Panteón para veneración y recuerdo de todos los bomberos de Chile.



Valparaíso 1851 (hrm-cca)

Agradecimientos a:

Jorge Humberto Bonilla, M.H.D.G. del Cuerpo de Bomberos
de Valparaíso y Bombero Honorario, 1ª Cía. “Bomba Americana”
Ian Argo Inch, Director 4ª Cía. de Bomberos “Carlos L. Rowsell”,
Cuerpo de Bomberos de Concepción.
Jaime Bahamondes Vega, Teniente 1º, de la 4ª Compañía de

Bomberos “Carlos L. Rowsell”, Cuerpo de Bomberos de Concepción.

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viernes 7 de agosto de 2009

Ejercicio General de Bomberos en Valparaíso; Primera Filmación del Cine Chileno en mayo de 1902.


El preámbulo de la fiesta con motivo del “Centenario del Cine Chileno” nace en Paris el 28 de diciembre de 1895. En efecto, a fines de mayo de 1902, el diario El Mercurio publicaba en su crónica la siguiente información:

"Ejercicios de Bomberos en Valparaíso".-“El 28 de diciembre de 1895, en el subsuelo de un café del boulevard de Los Capuchinos, en París, los hermanos Lumiére proyectaban sobre un agraciado muro las primeras filmaciones conseguidas con su máquina patentada meses antes. Los primeros espectadores huían despavoridos ante una locomotora que se les abalanzaba, en lo que quizás sería la primera película de terror. Siete años más tarde, el 26 de mayo de 1902 en la Sala Odeón, ubicada en la calle del Teatro (hoy Salvador Donoso), del Puerto de Valparaíso se exhibía un corto documental, titulado "Ejercicios de bomberos en Valparaíso", basado en los ensayos realizados con anterioridad (2 de abril de 1902) en la Plaza Aníbal Pinto, de la ciudad por el camarógrafo de la empresa “American Biograph” don Eduardo Howley. Con esto, se inicia la era del cine en nuestro país, en un acto pionero para su época, motivado por el interés y curiosidad de un grupo reducido de personas que importaron las primeras cámaras en sus viajes...


El registro en blanco y negro, “Ejercicio General de Bombas” o "Ejercicios de Bomberos en Valparaíso".-filmado en Valparaíso en 1902, es el primer filme conocido del cine chileno. Fue estrenado el día 26 de mayo de 1902 en el teatro Odeón del primer puerto de Chile, teniendo como testimonio de ese hito histórico las fotografías publicadas en diarios y revistas de la época. Uno de ellos fue el de la edición porteña de El Mercurio, que lamentó que las tomas exhibidas ese día en el Teatro Odeón esa ciudad "no pudieron, desgraciadamente, ser apreciadas en su justo valor, a causa de algunos desperfectos que se notaron en la luz eléctrica".

El Ejercicio General de Bombas fue sin duda alguna un gran suceso por ser la primera función pública con material de cine filmado totalmente en Valparaíso (Chile). Los tres minutos de duración en crudo blanco y negro y sin sonido fueron más que suficientes para despertar la curiosidad de toda la sociedad porteña de la época.
"Ir a verse a la pantalla era un evento social que los diarios siempre comentaban", dice Poldy Valenzuela, directora de la Cinemateca de la Universidad Católica de Valparaíso (UCV), que revisando los archivos de UCV Televisión (Canal de Televisión más antiguo de Chile), encontró un video con imágenes de Buster Keaton, cuando aparecen escenas sin relación alguna con bomberos desfilando. Miré algunas fotos y eran las mismas imágenes, algo coloreadas", agrega Valenzuela.
El hallazgo es actualmente el único vestigio en movimiento de apenas 28 segundos de duración del legendario ejercicio, filmado un mes antes, el 26 de abril de 1902, en la Plaza Aníbal Pinto.
“El camarógrafo se habría puesto al lado de un fotógrafo que pertenecía a la casa Hans Frey y Cía. Por las fotografías del semanario Sucesos, comparándolas con las imágenes que tenemos, estaban uno al lado del otro", apunta la directora de la Cinemateca UCV. "La casa Hans Frey se dedicaba a la fotografía, pero también hacía películas. En muchas de las primeras filmaciones del cine mudo chileno aparece como productora".
El filme se exhibió varias semanas en la sala Odeón, antes de que el paso de las décadas terminara ocultando ese registro: un desfile de carros bombas, voluntarios con uniformes impecables y unas once Compañías de la época flanqueadas por edificios como el del hotel Reina Victoria. El material recuperado revela incluso un atrevimiento técnico: un tímido paneo de izquierda a derecha y viceversa, algo difícil para el rudimentario cajón con tres patas y moviola que era la cámara, de seguramente de origen francés.
Carmen Brito, restauradora ha sido una de las encargadas del rescate de esta pieza de museo. También es una de las personas que se ha topado en la última década con algún vestigio del Ejercicio General de Bombas , también recordado como Ejercicio General de Bomberos.
"Hace más de diez años me topé con un rollo de película que no sé de quién era. El material estaba en muy malas condiciones, recogido por el tiempo por ser nitrato. Ni siquiera lo pude medir. Lo hicimos más flexible y lo mandamos a un laboratorio. Después le perdí la pista a la copia en video", cuenta.
No sería raro que esa copia fuera la misma que hace un par de años cayó en sus manos y que, tras varios traspasos a formatos de mejor calidad y depuración con equipos especiales, hoy se atesora en la cinemateca de la UCV, convertido en el único testimonio del inicio del cine chileno, precisamente en Valparaíso y con un tema netamente bomberil como lo ha sido desde siempre y en todos los Cuerpos de Bomberos de la República; el “Ejercicio General de Bombas”.

Es importante también consignar que el Teatro Odeón, que como se ha dicho se ubicaba en la calle del Teatro (actual calle Salvador Donoso) esquina de Eleuterio Ramírez, fue construido por iniciativa del empresario A.P. Smechia y habilitado por don Enrique Meiggs (3ª Cía. de Santiago), con el objeto de hacer funcionar en él, la Compañía Francesa que trajo de Europa. Era una sala pequeña pero elegante, la platea tenía 368 sillones, sólo tenía un orden de palcos; la galería era de 150 asientos y el anfiteatro para 38, las funciones eran a las 7 ½ de la tarde y los valores iniciales fueron: Palco con seis sillas; $ 4.-, Luneta $ 1.-, Anfiteatro; $ 0,80 centavos, y Galería $ 0,50 centavos.

Su inauguración y estreno fue el 8 de septiembre de 1869. En su interior había una “Heladería Napolitana” de Mr. Calamun, que había sido jefe por diez años del “Café Napolitano” de París. El teatro se vio afectado por un gran incendio el 7 de febrero de 1905, tenía seguros por $ 130.000.- sin embargo sus dueños no quisieron reconstruirlo.

Sería interesante poder rescatar los trabajos realizados en noviembre de 1995 por cineastas y fotógrafos chilenos y extranjeros con motivo de la conmemoración del “Nacimiento del Cine” (Mundial), evento que fue organizado por los representantes del VIII Festival Internacional de Cine de Viña del Mar y el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, quien se adhirió a la celebración, realizando un “Ejercicio Bomberil en el Parque Alejo Barrios de Playa Ancha, culminando su espectacular presentación con 100 chorros de agua que se elevaron hacia el cielo como simbólico homenaje. Lamentablemente, al parecer, dichos trabajos nunca fueron exhibidos públicamente en Valparaíso.

Posteriormente, en mayo de 2002 como lo señalara el diario “La Estrella” de Valparaíso, se llamó a los cineastas y fotógrafos a participar en un concurso de Video y Fotografía que los organizadores informaron serían exhibidos en septiembre del mismo año, muestra que nunca se concretó por razones que tampoco fueron informadas.
Los organizadores fueron Cámara Quinta y la Secretaria Regional Ministerial de Educación, apoyados por la primera autoridad regional, de la época, el Intendente Dr. Marco Antonio Núñez y el realizador chileno Silvio Caiozzi.

La edición del diario “El Mercurio” de Valparaíso del domingo 12 de mayo de 2002, en la página 17 de su Cuerpo B, informa respecto a “La fiesta Centenaria del Cine”, verdadero acontecimiento histórico para Chile, evento en el cual el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso rindió su homenaje a los cien años del cine chileno recreando “Un Ejercicio General de Bomberos”, acto de 1902 que motivó la primera filmación realizada en el país.

Valparaíso 1851 (hrm-cca)

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